viernes, 31 de marzo de 2017

UN DÍA MENOS

01 de abril del año del Señor de 2017. 29 días después de que el CCF tuviera conocimiento de mis alegaciones, y 9 días después de que se les agotara el plazo que ellos mismos se habían impuesto para contestarlas.


Me he pasado la vida pensando que siempre hay que ir de frente, y que ampararse en el anonimato era de cobardes. Pero igual me equivocaba. Me hago permanentemente una pregunta: supongamos que en vez de firmar mis tuits como Paco López-Cordón V. lo hiciera como "abonado hasta los cojones" o "cordobesista quemado". ¿Tendría el CCF suficientes argumentos para conseguir que la Policía les diera datos sobre mi IP, y, por lo tanto, sobre mi identidad? Los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado están para otros menesteres y no para rabietas infantiles de niñatos en plan "ahora me chivo a mi papi". ¿O no? Yo lo tengo claro. Y la autoridad competente con quien he consultado, también.

Me he pasado la vida pensando que la justicia existía, y que los dictadores eran seres que sólo existían en países lejanos. Pero igual me equivocaba. Reyezuelos que aún se creen con derecho de pernada. Señores feudales o señoritos a caballo o con Mercedes, Atilas de pacotilla, Corleones de la vida ocultos en la impunidad de un cristal oscuro, mala gente, carne de fin de vida en soledad. Personajillos de los que nadie se acordará cuando cierren el ojo.

Me he pasado la vida pensando que los okupas eran gente sin recursos, sin techo, sin un billete de 20 euros en el bolsillo. Pero igual me equivocaba. Los hay ricos disfrazados de Robin Hood sin vergüenza. Sin ninguna vergüenza. Gente que se ofende porque no alcanzan a comprender por qué el resto del mundo va en dirección contraria. Gente que llora ante los propietarios del edificio okupado pidiendo que convenzan a la humanidad que dejen de criticarlos y les den su nombre a una calle, a una glorieta, a un parque infantil, a un estadio municipal.

Me he pasado la vida pensando que había que ser digno hasta cagando. Pero igual me equivocaba. Porque hay gente que no conoce qué significa esa palabra, y siguen arrodillándose ante los poderosos, con felaciones dignas de peli de Rocco Siffredi. Por un puñado de dólares. Por un puñado de euros. Por una caricia en el lomo. La voz de su amo.

Me he pasado la vida pensando que había que ir de frente, que la justicia existía, que los okupas eran gente sin recursos y que lo mejor de un hombre es la dignidad. Y no estaba equivocado. Y voy a seguir haciéndolo. Aunque me cueste seguir a mi equipo por la tele. Porque podrán quitarme mi abono, pero nunca, nunca, nunca, podrán hacer que renuncie a mis principios, ni que renuncie, por más que me lo estén poniendo a huevo, a ser cordobesista.

Gritad, gritad, malditos, en ese minuto 54, para que un día, los prepotentes se vayan y no vuelvan, para que los palcos vuelvan a ser abiertos y transparentes, para que se homenajee -y no se putee-, a quiénes vistieron nuestra camiseta años atrás, o para que se les rece y se les llore cuando se vayan al cielo, para que los bombos vuelvan a sonar con sol o con nubes, para que los peroles sean abiertos y no restringidos, para que las iniciativas de unión del cordobesismo sean positivas y no tramas conspiratorias, para que no seamos el choteo del resto de España, para que la crítica sea un derecho democrático, para que esta película gore acabe pronto.

Su silencio no hará que me contagie. Más bien al contrario. El yayo ha salido rebelde. Es lo que hay. El día que cambie, dadme un par de hostias. Lo tendré merecido.

Un día menos para que salga ese AVE sin billete de regreso. Un día menos.

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba

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