viernes, 24 de febrero de 2017

Las cloacas del estadio

La historia nos ha enseñado que cualquier régimen totalitario dispone de una policía política, como herramienta para suprimir la sedición y tener a raya a la oposición. Desde el Comité para la Seguridad del Estado (KGB ruso), pasando por la Gestapo (III Reich alemán), el Comisariado del Pueblo para Asuntos de Disciplina Interna (NKVD soviético), hasta la franquista Brigada Político Social. El objetivo de estas organizaciones era tan simple como efectivo: expandir el terror entre la ciudadanía para que no se organizara y protestara a los círculos de poder, para que no saliera de su sometimiento. Quien quiera pasar un buen rato y, además, conocer más sobre el tema, le recomiendo encarecidamente que vea la película "La Vida de los Otros", sobre el funcionamiento de la Stasi de la RDA; o que escuche los interesantísimos podcats de "V, las cloacas del Estado", título que he cogido prestado para encabezar este texto.

A corto y medio plazo, las policías políticas eran muy efectivas. Durante las primeras etapas de estas dictaduras, estas pandas de matones hacían cundir el miedo entre el pueblo, practicando a mansalva juicios sumarísimos basados en una autoridad falaz, pero muy real, de facto. Entonces no eran necesarios los burofaxes. Uno de sus objetivos primordiales era la prensa libre, a la cual destruían y achantaban a base de amenazas y coacciones. El ciudadano solo podía "informarse" por los medios títeres manejados por el poder. La única esperanza de conocer la verdad estaba en la prensa extranjera, o en algunos pocos héroes (anónimos y no tanto) que se jugaban la vida para extender panfletos rebeldes. Otros tiraban del doble sentido, poniendo como excusa el Carnaval, pero no pocos terminaron corriendo delante de los grises.

Orwel ya nos avisaba en su profética novela 1984, que las policías políticas se convertirían en policías del pensamiento y que, ni en tu propia casa, podrías estar seguro. Siempre habría un gran hermano que practicara la vigilancia masiva y la represión política y social; y que ni siquiera en el sofá de tu hogar, en petit comité, se podía hablar sobre la represión, sobre la libertad, sobre un futuro utópico y mejor, libre de dictadores. 

Pero el orden no puede mantenerse por la fuerza eternamente. Poco a poco, humillación a humillación, los ciudadanos reordenaban su escala de valores, anteponiendo su dignidad a su seguridad. Todos estos gestos, iban creando una conciencia contra la opresión que, más tarde o más temprano, explotaba en las narices de la clase poderosa, destruyendo toda la estructura que mantenía en pie la tiranía. Cientos de alemanes, por ejemplo, terminaron tiroteados mientras intentaban saltar el muro de Berlín y huir del infierno en el que se había convertido su país. Ningún totalitarismo es eterno ni invencible y las dos Alemanias terminaron unidas en una gran y próspera nación. Si la gente fue capaz de dar su vida por su libertad y su dignidad, supongo que hubieran sacrificado también su abono.

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