jueves, 4 de agosto de 2016

De leones, damas y caballeros andantes

"Ayer un puñado de cordobesistas insultaron a la mujer de un futbolista de nuestro equipo en Twitter. Algunos lo hicieron sin ambages, llamándola «zorra» o «gilipollas». Otros lo hicieron de forma más refinada, tratándola condescendientemente de «rubia» o diciendo que tenía mejor cuerpo que cerebro." Así empieza la reflexión de Antonio Agredano, un compañero de grada, y por tanto de incontables sufrimientos y alguna alegría, que recomiendo encarecidamente lean aquí. He elegido este párrafo porque muestra información intachable de lo que ayer noche sucedió en el corralito cordobesista de la red social del pajarillo azul. La chica de uno de nuestros futbolistas recibió insultos viles, zafios y desagradables, éticamente injustificables en las formas. Pero a mí me gustaría tratar algo más el fondo. Sacando del cajón a Aristóteles y su filosofía del término medio, aquel donde se encuentra la virtud, nadie es inocente en una guerra. Existe un concepto jurídico que se suele utilizar como atenuante en las penas del reo, que es el de la legítima defensa. En este tema, como todos, es cuestión de perspectiva. Ya saben, aquello del cristal con el que se mira. Podemos discutir si ella se defendió, o defendió a su marido ante los ataques continuados de la afición en el año que llevan aquí. O, por el contrario, quienes se defendieron fueron los que le contestaron. Pero la gota que colmó el vaso, el tuit que ella eligió para iniciar su defensa fue uno sin mal deseo para el futbolista. Cierto es que la ironía la carga el diablo, todo sea dicho. 
Si ella se hubiera quedado en el primer comentario, en el que animaba a "lavarse la boca" al cordobesista con el que discutió, todo hubiera quedado en un rifirrafe personal. Pero ella inició un ataque en toda regla a la institución que nos une. Y cuando uno ataca, debe asumir que pueden contraatacarle. Abrió la jaula de los leones que, claro, atacaron, pero ella ya había puesto tierra de por medio a modo de inteligente bloqueo masivo. Ella fue la que inició una guerra de guerrillas, un combate con sello de Alí. Picó como una avispa y voló como una mariposa. Ella supo cómo y dónde golpear, porque sabe que el fútbol, que tanto le da a su familia, que les ofrece una vida de ricos incluso no aportado nada a la historia en un equipo sin historia, tiene este lado oscuro que no necesita un navegador GPS para encontrarse. El mismo lado oscuro de la humanidad, entre la que se encuentran quienes son capaces de asesinar niños inocentes en un transporte público y otros que descubren la penicilina. Porque el fútbol es un deporte de masas, soportado por jaulas de leones y literatos mezclados como en cualquier masa. A los últimos, entre los que prefiero incluirme por cierto, se les llena la boca diciendo constantemente que lo aman, cuando el fútbol no solo es el gol de Maradona a los ingleses, sino los hooligans borrachos soltándole pesetillas a una indigente. A lo mejor el polo no es así, pero no lo conozco. No entiendo de caballos.
Lo más curioso fue la cantidad de caballeros andantes que se enfrentaron a los leones, soltados por 'error' por la desdichada dama, las cuales jamás de los jamases meten la pata, faltaba más. Porque también hay caballeros andantes en el fútbol, que salen de vez en cuando a dar sus lecciones de honor y sabiduría. La masa tiene sitio para todo el mundo. Algunos de ellos dieron por válido un silogismo que ni siquiera la dama había lanzado: no tenemos historia, ni presente y presumiblemente futuro, porque somos unos gañanes. Somos unos desalmados que atacan como una jauría de hienas a lo que se nos ponga por delante. Tampoco parece que valieron las excusas posteriores que salieron por la boca (en este caso por las manos) de muchos de los que perdieron las formas, cuando su adrenalina volvió a los niveles de los que nunca tenía que haber salido. Porque la disculpa apaga la posibilidad de seguir sentando cátedra y moral.
Como cada uno se queda con lo que quiere, yo me quedo con la deportividad y gallardía con la que supimos perder no hace mucho más de un mes. Con cómo supimos tragarnos ese penalti que se fue al limbo y cómo le dimos la enhorabuena al rival, a pesar de haber perdido en veinte minutos unas bellísimas ilusiones de alcanzar ese éxito esquivo que seguiremos intentando conseguir, como bien señaló ayer Faloon. No pienso juzgar a un grupo tan apaleado como el nuestro, ni mucho menos tratar de buscarle unas explicaciones tan simples a nuestras históricas miserias, en un pique aislado en lo estaba siendo una aburrida noche de verano.

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