lunes, 13 de junio de 2016

Eres muy grande, muyayo

Mi extraña tranquilidad de ayer tarde -antes y durante-, ni forzada ni inducida, continuó incluso tras el partido. Sólo el postrero remate de Raúl de Tomás y el no-penalti a Fidel me habían hecho dar un respingo en mi sofá de sufridor futbolero. Pero mi edad me ha regalado el tomarme la vida con menos estrés, al menos aparentemente.

Acabó el encuentro y me encontré sumido entre la decepción y una rara paz interior. Como quién pide a los médicos un final digno para acabar con tanto sufrimiento. Una muerte dulce. Fue entonces cuando decidí escribir un whatsapp a Deivid. Sólo habían pasado cinco minutos desde el pitido final, y, mi cuerpo me pedía animar a quién había incluso desatendido al médico y había viajado muy mermado a Girona. El golpe de calor del partido de ida hubiera descartado a cualquiera para la vuelta, pero no él.

Le escribí: "Sois grandes. Muy grandes. Y nos levantaremos juntos. Quien da todo, no debe sentirse triste. Un abrazo." Ahí lo dejé, suponiendo que el canario, entre la tristeza y la fiebre con la que había acabado el partido, no iba a estar para contestar mensajes en unas cuantas horas.

La mayoría, nos lanzamos en tuiter a animarnos unos a otros, a ensalzar el orgullo y el compromiso de unos jugadores que habían dado todo; incluso de quiénes no habían jugado y habían animado desde el banquillo como si les fuese su vida en ello. Se comentó, incluso, que familiares de futbolistas habían compartido esperanza y pena en la grada con los locos blanquiverdes que habían cruzado España para ver a su equipo. Y les habían consolado. ¿Es esto normal?

Si el Barsa es "más que un Club" y el Madrid es "galáctico", ¿qué es el Córdoba, C.F.? Un dogma de fe, un sentido de vida, un ente invisible que emana algo volátil que nos contagia y que no tiene cura. Que nadie intente entenderlo porque, ni siquiera nosotros mismos podemos explicarlo.

Sobre las once de la noche, Deivid contestó a mi whatsapp. "Lo siento, Paco". Y ahí me desarmó. Un jugador excusándose, casi pidiendo perdón a un aficionado por no haber conseguido cumplir el sueño de ambos. El ascenso. No pude con ello y, entonces sí, me pudo la emoción, y con la tensión contenida acumulada, no pude impedir que las lágrimas fluyeran.

Personalizo esta anécdota en Deivid, como estoy seguro que habrá otras muchas del resto de jugadores. La historia de este año se resume en una frase: el mejor vestuario no pudo con las mejores plantillas. Habrá que tomar nota de ello, y, cuando se confeccione el equipo de la próxima temporada, se deberá fichar a quién reúna dos cualidades: ser buen jugador y ser buena gente. Justo lo contrario de lo que se hizo cuando subimos a Primera.

Que la foto de esta grupo presida desde ya el vestuario, para que futbolistas venideros sepan que en la temporada 2015-16, una reducida plantilla de jugadores con calidad para mantenerse en Segunda, estuvieron a punto de hacer el milagro.

Sois grandes. Que no se os olvide.

Paco López-Cordón Verde
@mushocordoba








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