martes, 14 de junio de 2016

La bella muerte

Desde las horas posteriores al partido, mientras vagábamos sin rumbo por la parte fea de Girona, intentando asimilar lo ocurrido, hasta este momento, he intentado explicarme por qué pude ser capaz de verle la belleza a algo tan desapacible, tan desagradable como una derrota. Como esta derrota. Hace tiempo que no escribo y que mi cabeza no es capaz de traducir mis pensamientos en letras, pero tenía que intentarlo.

Foto de @maderocubero de www.cordopolis.es
Es posible que fuera porque el sufrimiento acabó con el 2-1, porque ya no había nada que perder. Quizá fue porque vi a los que llevan nuestra camiseta morir en el verde, darlo todo, huesos incluidos. Es posible que fuera por haber disfrutado y sufrido con la plantilla más comprometida desde que yo estoy en esto, cuyas madres, parejas, incluso bebés, lo vivieron en el fondo con nosotros y no en un frío y seguro palco. Quizá porque todo era demasiado bonito tras el 0-1, que tenía que ser mentira. Es posible que fuera porque desde el campo no se vio tan claro que los dos goles eran parables y porque creímos ver que no era penalti. Puede ser porque al rival ya le tocaba y que asumiera que la alegría va por barrios. Quizá fue porque no tuve la sensación tan preocupante de que me iba a dar un infarto fulminante en un campo de fútbol, que quizá pueda seguir yendo a estadios sin temer por la salud de mi corazón. O porque mi alma no podía vivir otra tragedia personal como la que cientos vivimos en Valladolid. Posiblemente fue porque estaba allí, que es donde yo me había prometido que había que estar. Posiblemente porque sé que, aunque éramos pocos, había miles empujando en la otra punta del país, miles que no pudieron pero quisieron estar.

Quizá fue porque llevo 32 años en esto y hemos perdido muchas veces. Quizá porque no es la primera vez que caemos en un playoff. Posiblemente porque también lo hemos ganado, posiblemente porque ya hemos visto primera, ya hemos vivido el gran ascenso. Puede ser también porque estoy convencido de que volveremos a estar ahí y de que las generaciones que vienen detrás seguirán empujando. Quizá porque lo viví al lado de uno de mis pocos amigos, arropados por decenas de valientes. Quizá porque pasamos una gran noche previa con la gente con la que siempre pasamos estas noches previas, y que despiertan en mí los recuerdos de los momentos por los que merece la pena ser cordobesista y la esperanza de que cuando vuelva a verlos será en grandes noches.  O porque, mientras mi viejo coche descontaba los últimos de esos mil odiosos kilómetros, a los derrotados se les roció con agradecimiento y esperanza, en una fea estación que hervía de calor.

Fue porque veo que nuestro equipo ya no es una chirigota, que es alguien en la categoría y porque la mirar la tendencia me lleva a la esperanza de que pronto seremos respetados aún más arriba. Fue porque, aunque pedíamos un respiro después del KO, ya estamos pensando cómo va a ser el siguiente capítulo. Fue, seguro, por el orgullo tan grande que sentí al ver como los míos, aquí y allí, asumieron la derrota, la rumiaron, la sufrieron, sin acordarse demasiado de los imponderables que hacen tan grande y mísero a este juego. Fue porque os quiero, coño, porque sois mi familia y porque somos lo más grande que han parido. Viva el Cordobesismo y viva el Córdoba Club de Fútbol.

Volveremos

lunes, 13 de junio de 2016

Eres muy grande, muyayo

Mi extraña tranquilidad de ayer tarde -antes y durante-, ni forzada ni inducida, continuó incluso tras el partido. Sólo el postrero remate de Raúl de Tomás y el no-penalti a Fidel me habían hecho dar un respingo en mi sofá de sufridor futbolero. Pero mi edad me ha regalado el tomarme la vida con menos estrés, al menos aparentemente.

Acabó el encuentro y me encontré sumido entre la decepción y una rara paz interior. Como quién pide a los médicos un final digno para acabar con tanto sufrimiento. Una muerte dulce. Fue entonces cuando decidí escribir un whatsapp a Deivid. Sólo habían pasado cinco minutos desde el pitido final, y, mi cuerpo me pedía animar a quién había incluso desatendido al médico y había viajado muy mermado a Girona. El golpe de calor del partido de ida hubiera descartado a cualquiera para la vuelta, pero no él.

Le escribí: "Sois grandes. Muy grandes. Y nos levantaremos juntos. Quien da todo, no debe sentirse triste. Un abrazo." Ahí lo dejé, suponiendo que el canario, entre la tristeza y la fiebre con la que había acabado el partido, no iba a estar para contestar mensajes en unas cuantas horas.

La mayoría, nos lanzamos en tuiter a animarnos unos a otros, a ensalzar el orgullo y el compromiso de unos jugadores que habían dado todo; incluso de quiénes no habían jugado y habían animado desde el banquillo como si les fuese su vida en ello. Se comentó, incluso, que familiares de futbolistas habían compartido esperanza y pena en la grada con los locos blanquiverdes que habían cruzado España para ver a su equipo. Y les habían consolado. ¿Es esto normal?

Si el Barsa es "más que un Club" y el Madrid es "galáctico", ¿qué es el Córdoba, C.F.? Un dogma de fe, un sentido de vida, un ente invisible que emana algo volátil que nos contagia y que no tiene cura. Que nadie intente entenderlo porque, ni siquiera nosotros mismos podemos explicarlo.

Sobre las once de la noche, Deivid contestó a mi whatsapp. "Lo siento, Paco". Y ahí me desarmó. Un jugador excusándose, casi pidiendo perdón a un aficionado por no haber conseguido cumplir el sueño de ambos. El ascenso. No pude con ello y, entonces sí, me pudo la emoción, y con la tensión contenida acumulada, no pude impedir que las lágrimas fluyeran.

Personalizo esta anécdota en Deivid, como estoy seguro que habrá otras muchas del resto de jugadores. La historia de este año se resume en una frase: el mejor vestuario no pudo con las mejores plantillas. Habrá que tomar nota de ello, y, cuando se confeccione el equipo de la próxima temporada, se deberá fichar a quién reúna dos cualidades: ser buen jugador y ser buena gente. Justo lo contrario de lo que se hizo cuando subimos a Primera.

Que la foto de esta grupo presida desde ya el vestuario, para que futbolistas venideros sepan que en la temporada 2015-16, una reducida plantilla de jugadores con calidad para mantenerse en Segunda, estuvieron a punto de hacer el milagro.

Sois grandes. Que no se os olvide.

Paco López-Cordón Verde
@mushocordoba








viernes, 10 de junio de 2016

Carta abierta a Fidel

A veces uno asume mejor los golpes que le proporciona el destino cuando conoce las causas. El contratiempo o el moretón no disminuye, pero la pena es menor si sabes explicártelo, encontrar las razones de lo que está ocurriendo y que consideras injusto. Me dirijo a ti, Fidel, para explicarte el por qué de esos pitos que sufres en los partidos de casa, por si alguien dentro del club -en el que hay cada vez menos cordobesistas- no ha sabido o querido explicártelo.

Piensa, amigo Fidel, que el grueso de la afición del Córdoba lleva cuarenta y tantos años sin pasar más que efímeramente por primera. Nos hemos curtido en 2ªB, los más afortunados en 2ª. No estamos acostumbrados a futbolistas como tú, futbolistas que se dosifican en los esfuerzos con el objetivo de que les quede algo de gasolina por si hay que dar un esprint en el 90. No estamos acostumbrados a los jugadores valientes que encaran y encaran sabiendo que pueden perder la pelota, pero que de salir airosos acercarán a su equipo a la victoria. No estamos acostumbrados a peloteros como tú Fidel. Esta es la realidad. Aquí han triunfado futbolistas que no sabían ni que la pelota era redonda, pero cuya actitud sobre el campo equivalía a la de un soldado raso. Gente que se comía la hierba porque se desenvolvían mejor sobre la tierra de tercera. Te pongo dos ejemplos claros, Pablo Villa (actual segundo entrenador del Sevilla) y Pepe Díaz. Que sepas que es por eso, más que por los 20 goles, por lo que Florin es y será un ídolo eterno en Córdoba. Por su fuerza, sus ganas de pelea constante y su valentía. Te aseguro que aquí hemos tenido delanteros con más clase que han salido abucheados.

Pero te necesitamos, Fidel. Sabemos que sin ti no estaríamos donde estamos. Sin tu chispa, sin tu clase, tu constancia, tu paciencia para saber aguantarnos y, repito, tu valentía para seguir haciendo lo que debes hacer. Debes ayudarnos, no solo a su subir, sino a educar a esa parte del Cordobesismo que menosprecia a futbolistas como tú. Algunos hacemos nuestro trabajo en la grada, afeando esos malditos pitos que no mereces, que realmente provienen de una minoría aunque suenen mucho. Quedan tres partidos donde debes ayudarnos a cargarnos de razones a los que defendemos al futbolista de clase, para que la próxima vez que ocurra un caso parecido podamos decirles a esos incrédulos, a esos amantes la mediocridad futbolística, algo así: "Se parece a Fidel, aquel que nos dio un ascenso. Así que para silbar quédate en tu puta casa".

jueves, 9 de junio de 2016

Relájate, y disfruta

Decíamos ayer... 19 de febrero de 2015

Se nos rompió la inspiración. De tanto usarla. Y el tiempo que disponíamos para escribir este Blog, y mantenerlo dignamente activo, fue estrechándose más y más hasta estrangularnos. Quince meses después, no sé si nuestro amigo José Luis ha despertado al monstruo o a la princesa del cuento, pero a mi, al menos, me ha tocado la fibra. Ahí va mi montera. Por ti.

En este tiempo, el cordobesismo no se ha resentido. Ha ido a mucho más. Ni los descensos sin honor. Ni las carteras sin dinero. Ni los burofax sin vergüenza. Somos más. Muchos más. Y mejores. Más hechos. Con más cuerpo. Con un buqué a azahar y retrogusto a romero. Blanco y verde. Porque, en nuestra vida, un tercer color es un intruso.

Al cordobesismo ya no hay que arengarlo como hace años. Se automotiva sólo. Camina sin tener que darle la mano, y ya es capaz de montar en bicicleta sin ruedines. Ha madurado a fuerza de desencantos. De bofetadas. Tocó el cielo en las Tendillas, pero no fue capaz de agarrarlo. Se le escapó como una culebra de agua, por la ineptitud de un comando de mercenarios reclutado por quien nunca reconoce cometer errores.

Estamos en liguilla de ascenso y vivimos entre el temor y el deseo, entre el Valladolid de las lágrimas y la U.D. Las Palmas del milagro. Expectantes como un adolescente en su primera cita seria. Con gusanos en el estómago y preservativo en el bolsillo. No hay mañana. El mundo se cierra esta tarde de ocho a diez. 
 
Y nos quedaremos sin uñas, sin voz, sin fuerzas. Y pensaremos que, a pesar de que el CCF, en sí mismo es inocuo, y que ni es ilegal, ni inmoral, ni engorda, cada vez que acudimos al Arcángel en partidos como éste, nos dejamos un trozo de vida en ello. Inyectarse cordobesismo en vena. Bendita y a la vez maldita droga.

Disfrutad intensamente esta noche como si no hubiera mañana. Si el fin del mundo no te pilla bailando, que te pille en el Arcángel. Si el CCF quiere dormir contigo, y tú no quieres dormir sol@, ya sabes, toca orgasmo o gatillazo. Que no te lo cuenten. Pálpate la entrepierna y piensa en el ascenso. Se te pone dura. Y lo sabes.

Que todas las noches sean noches de boda,
que todas las lunas sean lunas de miel.

Paco López-Cordón Verde
@mushocordoba

Un viaje apasionante

Hoy me dan la oportunidad de escribir en este blog. Y como de buen nacido es ser agradecido me gustaría dar las gracias.

Gracias a Rafa, Paco y Jose por este maravilloso espacio para el Cordobesismo. Lo que el cordobesista sentía y siente aquí queda reflejado. Cartas emotivas, arengas a la afición, crónicas desenfadas e historias que a cualquier cordobesista le ponen los pelos de punta cual gol de Uli Dávila. Un sitio que poco a poco ha perdido sonoridad, pero no importancia, pues sé que ellos están deseando de volverse a dejar aquí las letras cuando el tiempo o las ganas aparezcan.

Gracias a mi madre, que es una santa. Ella quiere que su hijo no se distraiga, que siga con la carrera adelante, pero sabe que cuando hay partido en casa no hay debate posible. A ella le gusta el fútbol aunque lo niegue, por eso cada año cuando llega mi cumpleaños me hace siempre el mismo regalo, el que sabe que me hace más ilusión: el abono de la temporada que entra.

Gracias a mi peña y a tantas otras que luchan por movilizar al Cordobesismo. Porque vivir el fútbol solo es una mierda y que mejor que hacerlo con tu gente de toda la vida. La vida son recuerdos y desde luego el fútbol de grada con ellos te hace guardan momentos que se te quedan clavados en la retina. ¿Quién no recuerda su primer viaje?

Gracias a mi primo Paco, uno de esos tantos cordobesistas exiliados y repartidos por la geografía del globo. Ellos hacen que este deporte deje de ser eso, un deporte, para adentrase más en lo emocional. Él me inició en esto del Córdoba en aquella maravillosa campaña que acabó con lágrimas en los ojos y bufandas al viento en Pucela. Un tío que sigue abonado a lo suyo, porque aún estando todos los días a 2300 km de su Arcángel, vibra con cada partido como si estuviese junto a mi en ese sector 5 de Fondo Norte. Sé que todos tenéis a alguien así.

Gracias a esos 150, o 300 o 1000 o los que seáis por la red del gorrión azul. Ahí hemos encontrado un sitio de reunión y charla que, aunque a veces se vea enturbiado por un sultán que desde su atalaya no para de tirar piedras a los que construyen el camino, siempre estáis ahí para compartir las alegrías más dulces y las derrotas más amargas. Una familia virtual de la que me siento muy orgulloso de pertenecer, sobre todo en días como hoy en los que a uno le reconforta saber que no es el único que está al borde de un ataque de nervios.

Y por último gracias a ti, que te vas a dejar hoy la garganta animando en cualquier rincón de nuestro reino por nuestros jugadores, por nuestro club, por los que no podemos estar hoy y por los que ya desgraciadamente no pueden estar con nosotros.

Gracias por emprender todos juntos #UnViajeApasionante