lunes, 19 de enero de 2015

Sábado, sabadete: Elige bien, amiguete

Él la quería, a su manera, quizás como alguien quiere a su furgoneta, pero nunca llegó a estar realmente enamorado de ella. Se habían conocido 20 años atrás, cuando él aún era un chaval que buscaba nuevas emociones. No fue un flechazo a primera vista. Tuvo que visitarla una y otra vez para darse cuenta de que esa chica era especial. Guapa hasta decir basta. Morena, ojos negros, buena figura, y con personalidad. De perras, las justas. Normalmente, no le sobraba sueldo. Le sobraba mes.

Pasaron buenos y, sobre todo, malos momentos, pero salieron adelante más mal que bien. Viajaron juntos muchas veces. No importaba la distancia. Disfrutaron sobre todo en Huesca y Cartagena. Hace pocos meses, en Las Palmas, vibraron como nunca antes lo habían hecho. Ella pensaba que la relación sería para siempre. Pero estaba muy equivocada.

Ella se entregaba a él, día tras día, como si no hubiese mañana. Pero él no le era fiel. Cada fin de semana se tiraba en los brazos de otra mujer. Incluso, por si no era suficiente, los martes o miércoles, dejaba todo para estar con ella. Alta, rubia, despampanante, con una delantera de impresión y una retaguardia firme y segura. Con mucho don de gentes, hablaba mejor que un loro caro. Y, por si fuera poco, con una cuenta corriente que le permitía todo tipo de lujos. Incluso había quién comentaba que pertenecía a la nobleza, y que tenía muchos títulos.

A él, la rubia le tenía sorbido el seso, y cuando no podía retozar con ella, cualquier cosa le sacaba de sus Casillas. Y es que la chica en la cama era un Bicho y sus turgencias daban mucho juego. Digamos que tenía un par de balones de oro. 

La morena era cariñosa y cumplidora. Muy buena gente, pero no tenía el glamour de la rubia. Eso sí, se entregaba más, y se hacía querer. Y eso suponía que su relación fuera más estable, y menos a salto de mata. Para evitar sospechas, él lucía polos y jerseys con colores que a ella le gustaban. Blancos y verdes. Cuando visitaba a la rubia, vestía de blanco, o, si acaso, en algunas ocasiones, de rosa. A él le parecía que, con este color, el atuendo era pelín mariconcete, pero no le importaba. Por ese mujerón, era capaz de pintarse incluso un dragón en la camiseta.

Él fue llevando esa doble vida mientras pudo, hasta que, un día, ambas dos, la morena y la rubia, la guapa y la potente, la pobre y la rica, le dijeron: "Quiero este sábado sabadete para mí sola, amiguete". Y él tuvo que elegir entre la bohemia y el lujo, entre la estabilidad y el desenfreno, entre el salmorejo y el caviar, entre el valgas y el champagne, entre el Misionero y el Kamasutra.

Y no dudó. Él sabía que su relación con la rubia no estaba bien, que era pecado, que ese idilio no era muy Cristiano, pero no quiso dejar a medias sus 50 sombras de Grey, y, ese sábado eligió la vida loca, la lujuria, el desenfreno. En resumen, la rubia de las tetas gordas.

La morena, que siempre estuvo al tanto de su infidelidad, sabe que volverá a llorar en su hombro cuando la rubia le falle. Y le perdona, aunque esté ya un poco hasta los ovarios de ser la otra. Y, aunque algunos de sus amigos llevan también una vida licenciosa, y tienen amantes con billeteros repletos, otros, la mayoría, son fieles a sus parejas y viven día a día su relación con Infinita Pasión, y piensan, en plan Sabina, que la rubia "es tan pobre que sólo tiene dinero". 

Paco Lopez-Cordón V.
@mushocordoba

5 comentarios:

  1. Soy cordobés y madridista, quiero que gane el Madrid el Sábado. Pero no le deseo nada malo al Córdoba y espero que se salve

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    1. Respeto tu opinión. Pero, ¡joder, sólo faltaba que desearas algo malo al CCF siendo de por aquí!. Saludos, merengón.

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  2. Soy cordobés, cordobesista y madridista, por ese orden. Me gustan más las morenas, pero no le hago asco a las rubias. Por lo tanto teniendo en cuenta mis prioridades os podéis imaginar cual es mi deseo.
    Mushocordoba el verano que viene volveremos al “Muerde la pasta”, pero para celebrar la permanencia.
    Me ha gustado mucho el artículo.

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    1. No esperaba menos de ti. Ojalá disfrutes el sábado. Un abrazo a ti y a tus tres mujeres.

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  3. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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