miércoles, 5 de noviembre de 2014

Perdonar


Puedo perdonar que tengamos un portero que apenas se mueve de debajo de los palos y cuando lo hace mejor que se hubiera quedado quieto. Un portero que tampoco tiene los reflejos suficientes, para estando colocado en la línea de meta, sacar algunos balones que son goles evitables.
Es inseguridad.

Puedo perdonar que tengamos unos defensas a los que le tiembla el alma, cada vez que ven delante de ellos a jugadores de los equipos contrarios que los driblan con facilidad inaudita.
Es miedo.

Puedo perdonar que no tengamos técnica en los jugadores del centro del campo. Técnica para sacar los balones jugados, para facilitar unas transiciones con cierto criterio, para jugar con el empaque que se le supone a un equipo de la primera división.
Es falta de calidad.

Puedo perdonar a algunos periodistas aduladores que valoraban el partido del Calderón como positivo por el magnífico hecho de haber marcado dos goles.
Es servidumbre.

Por perdonar puedo perdonar al presidente del Club que, en un ejercicio descarado de tacañería, no ha valorado el momento único que la suerte y unos cientos de canarios saltarines, nos regaló el pasado mes de junio, consiguiendo uno de los premios más deseados por los cordobeses, estar en la primera división del fútbol español.
Es avaricia.

En definitiva se puede perdonar la inseguridad, el miedo, la falta de calidad, la tacañería y hasta la adulación servil y gratuita….Pero el orgullo, la falta de orgullo, eso no se perdona.

Y es que, lamentablemente, el pasado sábado no se apreciaba ningún orgullo que se manifestara en dolor, pena y enfado, cuando muchos de los jugadores del Córdoba C.F. terminado el partido contra el Atlético de Madrid, iban detrás de los jugadores colchoneros pidiéndole las camisetas, como niños adorando a sus ídolos (no sé si también pedían autógrafos porque eso no lo vi). Futbolistas del Córdoba que daba la impresión se iban al vestuario, más felices por la camiseta obtenida, que cabreados por los cuatro goles que le habían marcado.

Pueden faltar ciertas habilidades y virtudes, pero la del orgullo no. A veces es lo único que nos queda a los humildes y con él se puede comenzar a cambiar situaciones.

Fco. J. Valverde.

2 comentarios:

  1. Totalmente identificado con la entrada, magnífica por cierto. A ver si Djucik conoce "Murieron con las botas puestas", y algunos jugadores se disfrazan de Errol Flynn para echarle más cojones al asunto y dejarse de mariconadas. Esto no es un partido amistoso donde el grande viene a jugar con el eqiupo del pueblo el día de la patrona. ¡Esto es la Primera División, cojones!

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  2. Yo no me quedé. Salí por patas. No tenía ganas de estar ni un segundo más allí. Perdí parte de la poca esperanza que tenía.

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