viernes, 29 de agosto de 2014

Sobre pasiones y corazones partidos

Hemos asistido durante las últimas semanas al interesante debate sobre el sentimiento cordobesista de parte de los cordobeses que viajaron a Madrid el lunes. Hubo, como siempre, opiniones para todo. Quizá la más extendida entre el Cordobesismo fue aquella de enfado, incluso indignación, por ver como muchos cordobeses aplaudían los goles de los blancos. Una chica que se sentaba cerca de mí recriminó a voz (y saliva) en grito a unos chicos que, vestidos con la blanquiverde, jaleaban las dianas del rival. "Al menos no manchéis la camiseta", les decía. Cierto es que producía un poco de grima ver como personas con nuestros colores se alegraban con los goles que recibíamos. 

Yo, la verdad, no me preocupé mucho por estas gilipolleces. Primero porque era nuestro momento, el de los cordobesistas. Si hubo gente que se anexó, pues muy bien, como en todas las fiestas. Es por ello que su presencia no me molestó. Es más, sirvieron para dar colorido, simples gogós vestidos de blanquiverde. Para mí fue mucho más importante ver las caras de felicidad de los de siempre. Estaban casi todos, salvo las obligadas excepciones por motivos de fuerza mayor. Justo antes de empezar a subir hasta el gallinero del Bernabéu, teníamos toda la pinta de haber acabado de echar un buen polvo. Y esos gestos de mirar hacia arriba del mastodóntico estadio y no creérnoslo. Impagables. 

Quizá porque soy de que piensan que se pueden querer a dos personas al mismo tiempo (o tres, incluso, si son monas), comprendo también de que hubiera gente con el corazón partido. Tuvimos todos la oportunidad de ver en directo o en internet a ese iluminado que destrozó ambas camisetas para hacerse una sola. Pues bien, estoy seguro que el Cordobesismo salió vencedor en las almas de los componentes de este grupo. Un ejemplo lo tuve justo al lado. Un chico que decía ser simpatizante del Madrid, animó y se desanimó como el más cordobesista del mundo. Otro ganado a la causa.


No obstante, no me importa demasiado que se hagan cordobesistas o no, si irán mañana a ver el fútbol, si van a viajar a Almería o no...a mí no me deben nada: pagaron su viaje y su entrada. En paz. Porque solo los que hemos mamado cemento en los campos de 2ªB sabemos lo que significó la tarde del lunes: los cordobesistas, para los que el Córdoba es nuestra pasión gane, pierda, juegue en San Mamés o en el campo del Manchego. Para nosotros, lo del lunes fue uno de los acontecimientos de nuestra vida, porque una pasión es una pasión. Para el que escribe, por ejemplo, el fin de una espera que duraba ya 34 años y que le permitió tachar la primera fila de la lista de cuentas pendientes. Aquellos que se unieron a la marabunta para pasar el día no tienen ni la más mínima idea de lo que eso significa.  

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