lunes, 23 de junio de 2014

El día del ascenso

Me encuentro en el hall del hotel donde duermen los héroes. He abierto la página y he tenido que esperar unos minutos porque mis ojos han vuelto a llenarse de lágrimas. Jamás pensé que iba a poder contar lo que pretendo. Voy a intentar escribir aquí mi día de ayer, el día siempre soñado y que la providencia o vaya usted a saber qué, han permitido que vea y así pueda contárselo a toda mi gente, presumir ante mis hijos, aunque estoy seguro que verán gestas mayores.

Amaneció el día precioso y paseé por la playa de Las Canteras hasta un puesto de prensa. No pude resistirme a comprar un ejemplar de Canarias 7 cuando vi que los periodistas locales no contemplaban ni siquiera la opción de que el ascenso se pudiera escapar. El "bocadillo del ascenso" que una bocatería de la zona se "iba a hartar de vender" fue el ejemplo más característico. Siguiendo mi caminar por el hermoso paseo de Las Canteras, a un chico de La Sexta se le ocurrió preguntarme "¿Y qué ocurre si perdéis?". El fútbol es algo más que ganar o perder, le dije, y la chica que manejaba la cámara no pudo reprimirse a decir un "¡Oh!, qué bien". En ese momento los nuestros se me cruzaron en su paseo matutino y solo acerté a decirles, Señores este es el día. ¡Vaya si lo fue!

Me reuní con Rafa Fernández y José Luis Pineda, las dos personas con las que más tiempo compartí ayer fuera del estadio. Nos dirigimos al hall de hotel donde pude charlar amigablemente con un directivo, que me confesó que "lo hemos hecho fatal con el tema de las entradas". Hoy no es el día para hablar de ello, le dije, hay tiempo de mejorar. Partimos los tres hacia el estadio con más de tres horas de antelación siguiendo las indicaciones de los canariones, con el objetivo de evitar un más que previsible atasco. Cuando entramos en aquel mastodóntico centro comercial con la pretensión de pillar un bocadillo antes de entrar al estadio, no imaginábamos que nos estábamos metiendo en la boca del lobo. Cientos de personas, no exagero, empezaron a cantar "Puta Córdoba" de tal manera que hacían retumbar las paredes de acero y hormigón de aquel lugar. Aquellos gritos iban dirigidos única y exclusivamente a la camiseta blanquiverde yo que llevaba puesta. No había ninguna otra. Temiendo por mi seguridad y por la de mis compañeros, entré a unos aseos y salí vestido de Neymar. Cuando me llegó a casa la verde amarela nunca pensé que me iba a servir de capote contra tanto energúmeno. Algo asustados, por qué no decirlo, huimos al único restaurante cercano que vimos vacío. Un japonés. A Fernández, que confesó no hacerle mucha gracia la comida asiática, aquello le pareció la mejor trinchera. Fue allí donde se gestó la idea del "Macanariazo" que tituló la crónica de la victoria en CordobaDeporte. Fernández agarró la idea, que a Pineda le pareció fantástica, y el destino le regaló poder escribirla. Cuando el estadio de Gran Canaria empezó a teñirse de amarillo, me cercioré de que no podía haber mejor titular. Lo que no sabía aún, es que pronto viviríamos en nuestra piel lo que sintieron aquellos once uruguayos en el verde de Maracaná hace ya más de sesenta años.

A pesar de mis optimistas cálculos del día anterior, no llegamos al medio centenar los cordobesistas que estuvimos en el bendito sector B10 de tribuna. El estadio y sus aledaños festejaban el ascenso. No había la tensión propia de un partido de play-off, había euforia. A todos nos pareció extraña la alineación, pero fue unánime la confianza en el Chapi, pues es el que nos había llevado hasta aquí. En lo deportivo fuimos superados claramente por los amarillos, sobre todo en la segunda parte, en la que nos perdonaron claramente el 2-0 que hubiera supuesto nuestra segura derrota. Cuando empezaron a descolgarse aquellos monos por todas las gradas, en número de cientos, los miles de buenos aficionados a Las Palmas empezaron a abuchearlos. Un estadio de primera no dispuso de la seguridad que habría lugar. El árbitro decidió siete minutos después que aquello tenía que acabar de alguna manera, pero nadie imaginó de cuál. Desde un saque de banda empezó la jugada más importante de la historia del Córdoba C.F. Pelayo, con el codo destrozado, hizo el requiebro de su vida para dejar atrás a dos contrarios y poner, con su pierna mala, la pelota al área para que Bravo rematara y Uli remachara.

Todo se convirtió en llanto. La gloria y la tragedia desaguaron en el mismo escenario. Deben saber que el gol más importante de la historia del Córdoba C.F. no fue gritado por los cordobesistas que lo presenciaron en directo. Fue llorado. Nadie gritó gol. Nos abrazamos y lloramos durante una eternidad. Todos nos acordamos de mucha gente, pero estoy convencido de que todos lloramos por nosotros mismos. Estoy seguro de que todas las lágrimas derramadas en Córdoba tuvieron la misma y principal causa: el sentimiento propio. No había consuelo posible, ni siquiera la cerradísima ovación que la afición amarilla nos brindó cuando subíamos la escalera escoltados por la policía. Es el símil más bello que viviré jamás en un campo de fútbol. La afición rival, rota de dolor, inmersa en la cruel tragedia jamás vivida, rompió en aplausos ante cincuenta cordobesistas que subían por la escalera como si fueran a recoger la copa de Europa al palco. No cogimos ninguna copa, era la gloria que la nos esperaba. La gente nos felicitaba, nos besaba. Vi como un canarión le puso una bufanda en el cuello a uno de los nuestros, muchos intercambios de camiseta. Y mucho llanto. Perdonen que lo repita tanto, pero ahora, al recordar este momento, vuelven a caerse solas.

La noche estuvo a la altura. Borrachera de emociones. En solitario, paseando mi euforia por las desiertas calles, corrí a hacerme una foto a la Plaza de España, donde los amarillos iban a celebrar su segura victoria. El panfleto repartido en el estadio titulaba "Esta noche tienes visita" sobre una foto de la plaza. Tuvo visita. La mía, a eso de las 2 de la madrugada. No me gustaría olvidarme de nadie, pero es de justicia escribir aquí que viví estas horas muy cerca de los chicos de la prensa de Cordobadeporte, El Día, ABC, Canal Sur y Cordópolis, de Carlos (@canblanquiverde) y su chica (inolvidables las cenas en el restaurante O Sole mío), de Salvi, Fran, Paco, Agustín y más cordobesistas cuyo nombre no conozco. Con una luna amarilla demarrando su desgracia en las aguas del puerto, todos deseábamos relatar a los demás las lágrimas propias y los deseos de futuro. Los campos a visitar, las letras a escribir, los goles a cantar. En primera. Quiero que me disculpen aquellos a los que no le pude devolver la llamada. Solo tenía batería para mi primo, mi tío Paco, mi compañera y mis hijos. Mis hijos decían papá y algo similar a Córdoba. Más llanto.

Ya es nuestro, amigos. Vi las emocionantes fotos de Las Tendillas abarrotada. Sentimos el empuje de los miles de cordobesistas que se quedaron en tierra. Hemos saldado la cuenta. Aún nos queda la fiesta de hoy en nuestra ciudad. Pronto partimos. Felicidades. Os quiero, familia. Viva el Córdoba C.F.

Nota: este escrito está dedicado a Rafa Fernández desde el 7 de junio de 2013, en el que tuiteó lo siguiente.
Otra deuda saldada.

9 comentarios:

  1. Lo que faltaba, el tal Pineda alli de postureo cuando es del Atletico y pasa del CCF

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    1. ¿Y tú, dónde estabas? Nadie se pega el trabajazo que se ha dado Pineda por gusto.

      Me alegro por ti, José Luis. No eres nadie hasta que no tienes detractores. Felicidades.

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  2. Me has vuelto a sacar lágrimas de dónde ya no quedaban tras lo vivido ayer en el Gran Canaria...no puede estar mejor narrado Rafa...fue un placer conocerte y llorar juntos tras esa jugada divina orquestada desde arriba por todos esos cordobesistas que siempre soñaron vivir lo que vivimos ayer en ese bendito sector B10 del estadio amarillo...y sí, aunque todavía no nos lo creamos SOMOS DE PRIMERA señores!

    Un abrazo, Rafa García

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  3. Así que eres rafafernández, ¿no?

    Acabo de responderte a tu primer artículo que me he encontrado –y lo he hecho como anónimo--. Vuelvo a entrar en tu blog y me he encuentro este otro artículo que no le va a la zaga. Déjame que te insulte primero, pero cómo se te ocurre, cernícalo, ponerte la camiseta del Córdoba en territorio "comanche". Leyendo sobre esa encrucijada en que te viste me salió alguna que otra sonrisa, porque yo muy lejos de esa situación el año pasado me encontré en otra; y fue en Castellón, siguiendo al Córdoba B --porque yo siempre quise a mi Atlético Cordobés--. Pues sí aquello también fue "acojonante" --que me perdonen los niños, pero es que ahora no encuentro otra palabra que lo defina mejor-- y sucedió a la llegada del autocar del Córdoba B al estadio de Castalia, donde la hinchada castellonense lo recibió con petardos y bengalas intimidatorios que imponían un poco. De los cordobesistas sólo éramos tres de Cordobamanía y cuatro o cinco de Sangre Blanquiverdes --la mitad algo lisiados: uno en sillas de ruedas, su madre y yo (que había vuelto a sangrar por la nariz en esos momentos sin que nadie hubiera llegado hasta ella). ¿Pensaría la jaleosa y "petarda" hinchada castellonense que lo nuestro era un montaje? Pues no lo sé. Algo de miedo se pasó. Luego los hermanos Cruz y compañía empataron a 0.

    Otro buen artículo cordobesista el tuyo que añades a tu blog, el cual lo he añadido a Marcadores.

    Un abrazo.

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    1. El artículo está dedicado a Rafa Fernández, pero lo he escrito yo. Yo creo que está claro.

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  4. Hola soy un abonado que escribe para quedarse bien a gusto . Creo que el trato al presidente a sido un poco injusto cuando ha conseguido cosas que nadie consiguió y el tiempo le ha dado la razón por eso ha que decir al cesar lo que es del césar te podrá caer mejor o peor pero ha conseguido lo que nadie ha hecho en muchos años. Lo de la marcha del día del Murcia se demostró que fue un error jugándose muchos puntos todavía y gente hablando de que íbamos a bajar y todo .La gente aquí es un poco especial por no llamarlos de otra manera me gustarían que salieran comentarios de hace tres meses para que algunos quedaran retratados con este ascenso conseguido no se trata de ser palmeros o no se trata de ser justos con todos los componentes del club.


    Me despido con una felicitación al chapi que cuando empezó nadaba contra corriente y al final llego a conseguir el resultado esperado por todos

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  5. Caminando por las calles de Glasgow, y en un rato que tenía libre, he visto la tienda del Celtic, con las camisetas más baratas que las de nuestro querido Córdoba. En éste rato libre que he tenido, me he metido en una zona de Wifi y unos de mis entretenimientos es buscar artículos que hablen del 22J y que todavía no haya leído. Yo soy de los pocos que tuvo la suerte de ir, y viendo tu foto, te recuerdo haber visto en aquel restaurante italiano del Paseo de las Canteras, aquella noche tras el partido. No hubo lugar a más celebración porque me saqué el billete de avión a Madrid la noche anterior, sólo 7 horas antes de que partiera el avión, y mi amigo y yo, sin dormir nos plantamos en Barajas. Así que después de esa cena, a dormir.
    A pesar de los 8 meses que han pasado, me he vuelto a emocionar...
    Gracias por el articulo.
    Un abrazo de otro cordobesista de los que se ha comido muchos partidos de Segunda B.

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