miércoles, 25 de junio de 2014

Comparación de costes abonado/no abonado. Temporada 13/14

Como prometimos hemos hecho los cálculos de los costes de la temporada que acaba de terminar para abonados y no abonados. Cuando abran el enlace que tienen abajo del texto, aparecerán dos hojas de cálculo, la primera perteneciente solo a la liga regular y la segunda con las eliminatorias de ascenso incluidas. Debajo de los datos de cada partido están los cálculos totales, que son los que realmente sirven para comparar. Si pulsan las celdas, podrán ver los cálculos. Si observan algún error, les pedimos encarecidamente que nos lo comuniquen. 

Les agradeceríamos que nos dejaran su opinión en los comentarios. 


CUADRO RESUMEN LIGA REGULAR (21 PARTIDOS)

TOTALESFONDOPREFERENCIATRIB.C/ANFIT
Total Entradas CON INVITACIONES a Hércules y Alcorcón143,80 €241,80 €357,80 €
ABONO +SUPLEMENTO(MURCIA)143,00 €255,00 €457,50 €
Total Entradas SIN Invitaciones a Hércules y Alcorcón159,80 €267,80 €394,80 €
PRECIO POR PARTIDOFONDOPREFERENCIATRIB.C/ANFIT
Media partido NO ABONADO CON INVITACIONES6,85 €11,51 €17,04 €
MEDIA PARTIDO ABONADO6,81 €12,14 €21,79 €
Media partido NO ABONADO SIN invitaciones7,61 €12,75 €18,80 €



CUADRO RESUMEN LIGA REGULAR+FASE DE ASCENSO (23 PARTIDOS)


TOTALESFONDOPREFERENCIATRIB.C/ANFIT
Total Entradas CON INVITACIONES a Hércules y Alcorcón179,80 €289,80 €437,80 €
ABONO +SUPLEMENTO(MURCIA)+ PARTIDOS DE PLAYOFF161,00 €279,00 €497,50 €
Total Entradas SIN Invitaciones a Hércules y Alcorcón195,80 €315,80 €474,80 €
PRECIO POR PARTIDOFONDOPREFERENCIATRIB.C/ANFIT
Media partido NO ABONADO CON INVITACIONES7,82 €12,60 €19,03 €
MEDIA PARTIDO ABONADO7,00 €12,13 €21,63 €
Media partido NO ABONADO SIN invitaciones8,51 €13,73 €20,64 €



lunes, 23 de junio de 2014

El día del ascenso

Me encuentro en el hall del hotel donde duermen los héroes. He abierto la página y he tenido que esperar unos minutos porque mis ojos han vuelto a llenarse de lágrimas. Jamás pensé que iba a poder contar lo que pretendo. Voy a intentar escribir aquí mi día de ayer, el día siempre soñado y que la providencia o vaya usted a saber qué, han permitido que vea y así pueda contárselo a toda mi gente, presumir ante mis hijos, aunque estoy seguro que verán gestas mayores.

Amaneció el día precioso y paseé por la playa de Las Canteras hasta un puesto de prensa. No pude resistirme a comprar un ejemplar de Canarias 7 cuando vi que los periodistas locales no contemplaban ni siquiera la opción de que el ascenso se pudiera escapar. El "bocadillo del ascenso" que una bocatería de la zona se "iba a hartar de vender" fue el ejemplo más característico. Siguiendo mi caminar por el hermoso paseo de Las Canteras, a un chico de La Sexta se le ocurrió preguntarme "¿Y qué ocurre si perdéis?". El fútbol es algo más que ganar o perder, le dije, y la chica que manejaba la cámara no pudo reprimirse a decir un "¡Oh!, qué bien". En ese momento los nuestros se me cruzaron en su paseo matutino y solo acerté a decirles, Señores este es el día. ¡Vaya si lo fue!

Me reuní con Rafa Fernández y José Luis Pineda, las dos personas con las que más tiempo compartí ayer fuera del estadio. Nos dirigimos al hall de hotel donde pude charlar amigablemente con un directivo, que me confesó que "lo hemos hecho fatal con el tema de las entradas". Hoy no es el día para hablar de ello, le dije, hay tiempo de mejorar. Partimos los tres hacia el estadio con más de tres horas de antelación siguiendo las indicaciones de los canariones, con el objetivo de evitar un más que previsible atasco. Cuando entramos en aquel mastodóntico centro comercial con la pretensión de pillar un bocadillo antes de entrar al estadio, no imaginábamos que nos estábamos metiendo en la boca del lobo. Cientos de personas, no exagero, empezaron a cantar "Puta Córdoba" de tal manera que hacían retumbar las paredes de acero y hormigón de aquel lugar. Aquellos gritos iban dirigidos única y exclusivamente a la camiseta blanquiverde yo que llevaba puesta. No había ninguna otra. Temiendo por mi seguridad y por la de mis compañeros, entré a unos aseos y salí vestido de Neymar. Cuando me llegó a casa la verde amarela nunca pensé que me iba a servir de capote contra tanto energúmeno. Algo asustados, por qué no decirlo, huimos al único restaurante cercano que vimos vacío. Un japonés. A Fernández, que confesó no hacerle mucha gracia la comida asiática, aquello le pareció la mejor trinchera. Fue allí donde se gestó la idea del "Macanariazo" que tituló la crónica de la victoria en CordobaDeporte. Fernández agarró la idea, que a Pineda le pareció fantástica, y el destino le regaló poder escribirla. Cuando el estadio de Gran Canaria empezó a teñirse de amarillo, me cercioré de que no podía haber mejor titular. Lo que no sabía aún, es que pronto viviríamos en nuestra piel lo que sintieron aquellos once uruguayos en el verde de Maracaná hace ya más de sesenta años.

A pesar de mis optimistas cálculos del día anterior, no llegamos al medio centenar los cordobesistas que estuvimos en el bendito sector B10 de tribuna. El estadio y sus aledaños festejaban el ascenso. No había la tensión propia de un partido de play-off, había euforia. A todos nos pareció extraña la alineación, pero fue unánime la confianza en el Chapi, pues es el que nos había llevado hasta aquí. En lo deportivo fuimos superados claramente por los amarillos, sobre todo en la segunda parte, en la que nos perdonaron claramente el 2-0 que hubiera supuesto nuestra segura derrota. Cuando empezaron a descolgarse aquellos monos por todas las gradas, en número de cientos, los miles de buenos aficionados a Las Palmas empezaron a abuchearlos. Un estadio de primera no dispuso de la seguridad que habría lugar. El árbitro decidió siete minutos después que aquello tenía que acabar de alguna manera, pero nadie imaginó de cuál. Desde un saque de banda empezó la jugada más importante de la historia del Córdoba C.F. Pelayo, con el codo destrozado, hizo el requiebro de su vida para dejar atrás a dos contrarios y poner, con su pierna mala, la pelota al área para que Bravo rematara y Uli remachara.

Todo se convirtió en llanto. La gloria y la tragedia desaguaron en el mismo escenario. Deben saber que el gol más importante de la historia del Córdoba C.F. no fue gritado por los cordobesistas que lo presenciaron en directo. Fue llorado. Nadie gritó gol. Nos abrazamos y lloramos durante una eternidad. Todos nos acordamos de mucha gente, pero estoy convencido de que todos lloramos por nosotros mismos. Estoy seguro de que todas las lágrimas derramadas en Córdoba tuvieron la misma y principal causa: el sentimiento propio. No había consuelo posible, ni siquiera la cerradísima ovación que la afición amarilla nos brindó cuando subíamos la escalera escoltados por la policía. Es el símil más bello que viviré jamás en un campo de fútbol. La afición rival, rota de dolor, inmersa en la cruel tragedia jamás vivida, rompió en aplausos ante cincuenta cordobesistas que subían por la escalera como si fueran a recoger la copa de Europa al palco. No cogimos ninguna copa, era la gloria que la nos esperaba. La gente nos felicitaba, nos besaba. Vi como un canarión le puso una bufanda en el cuello a uno de los nuestros, muchos intercambios de camiseta. Y mucho llanto. Perdonen que lo repita tanto, pero ahora, al recordar este momento, vuelven a caerse solas.

La noche estuvo a la altura. Borrachera de emociones. En solitario, paseando mi euforia por las desiertas calles, corrí a hacerme una foto a la Plaza de España, donde los amarillos iban a celebrar su segura victoria. El panfleto repartido en el estadio titulaba "Esta noche tienes visita" sobre una foto de la plaza. Tuvo visita. La mía, a eso de las 2 de la madrugada. No me gustaría olvidarme de nadie, pero es de justicia escribir aquí que viví estas horas muy cerca de los chicos de la prensa de Cordobadeporte, El Día, ABC, Canal Sur y Cordópolis, de Carlos (@canblanquiverde) y su chica (inolvidables las cenas en el restaurante O Sole mío), de Salvi, Fran, Paco, Agustín y más cordobesistas cuyo nombre no conozco. Con una luna amarilla demarrando su desgracia en las aguas del puerto, todos deseábamos relatar a los demás las lágrimas propias y los deseos de futuro. Los campos a visitar, las letras a escribir, los goles a cantar. En primera. Quiero que me disculpen aquellos a los que no le pude devolver la llamada. Solo tenía batería para mi primo, mi tío Paco, mi compañera y mis hijos. Mis hijos decían papá y algo similar a Córdoba. Más llanto.

Ya es nuestro, amigos. Vi las emocionantes fotos de Las Tendillas abarrotada. Sentimos el empuje de los miles de cordobesistas que se quedaron en tierra. Hemos saldado la cuenta. Aún nos queda la fiesta de hoy en nuestra ciudad. Pronto partimos. Felicidades. Os quiero, familia. Viva el Córdoba C.F.

Nota: este escrito está dedicado a Rafa Fernández desde el 7 de junio de 2013, en el que tuiteó lo siguiente.
Otra deuda saldada.

Y se nos apareció la virgen, vestida de Frijolito



Posiblemente, dentro de muchos años, quizás no recuerde el nombre de mis nietos, pero el 22 de junio de 2014 lo llevaré tatuado en la memoria, mientras viva. La tecnología nos ha permitido visionar y revisionar una y mil veces la misma jugada. Una, y mil veces; y nunca nos cansaremos de volver a verla. Que un jugador al que vimos en las gradas del Arcángel tres días antes con el brazo en cabestrillo, controle el balón como no lo ha hecho en todo el año, deje casi sentado al defensor, y centre perfecto con su pierna mala; que el central, jugando de 11, remate casi en semifallo; que el portero, segurísimo hasta entonces, no bloque, y deje en bandeja el balón; y que allí, en vez de dieciséis defensas canarios, aparezca el más pequeño, el más listo de la clase, el Frijolito Dávila, y marque. Como diría el cachondo de turno: “la jugada que emocionó a Spielberg”.


Los ascensos son para quiénes los consiguen, y no para quiénes lo merecen. Por eso me importa un pito si estoy o no justamente en la mejor Liga del mundo. Un pito. Lo que tengo claro, es que no nos merecíamos esperar tanto. Media vida penando lejos de Primera, mientras otras aficiones menos fieles, otros Clubs de menos porte, podían ver a sus equipos jugando contra los grandes, y los dejaban abandonados cuando lo hacían contra los menos grandes. Injusticia.

No sé en quién pensé cuando Uli marcó. Quizás en mi padre, que ahí sigue, y al que cada día le cuesta más llegar al Arcángel; también en quienes, por desgracia, no llegaron a tiempo; en mi hija, que, con su blanquiverde, bajó incrédula y saltando los escalones de tres en tres, pensando en que aquello ya hacía rato que se había ido al garete; en Rafa, a quién en ese momento estaba viendo llorar en la tele. (Cabronazo, te lo dije: “Te arrepentirás mucho más de no viajar, que de hacerlo”). 


¡Gooool! ¡Gooool! Una y otra vez. Una y mil veces. Calor. Sudor. ¡Gooool! Rabia. Taquicardias. Humo del puro condensado frente al televisor como en una partida de poker entre tahures. ¡Gooool! Incredulidad. ¿Ya ha terminado? ¡Gooool! ¿Vuelve el árbitro? ¡Finaaaaaal! El destrozo que los gritos produjeron en mi garganta  es tal, que, ahora mismo, doce horas después, la voz de Joaquín Sabina es la de Juan Carlos Valerón comparada con la mía. Benditos daños colaterales.


La Primera no nos ha pagado la deuda. Ni mucho menos. Aún nos debe muchas. 42 años son demasiados. Justos los que van desde que tenía 13 años y vi en el Arcángel ese último gol de Fermín, hasta ahora, más cerca de los 60 que de los 50. Demasiados años. Demasiada vida de segunda categoría, futbolísticamente hablando, por supuesto. Puta vida. Demasiados devaneos con chicas feas (Castillo, Estepona, Los Boliches, Marino, Guadix, Díter de Zafra, Almansa, Vélez…), mientras que otros se llevaban a la rubia a la cama (Madrid, Barsa…), justo a la que nosotros, ahora, vamos a profanarle el juju.


¿Imágenes? Muchas. La señora mayor con la que me crucé en Calle Alfaros y que le contaba a otra que algo gordo pasaba porque iba mucha gente parriba, y ella se iba a meter en su casa por si acaso; el listo vendedor de pañuelos conmemorativos del ascenso vendiéndolos en las Tendillas a tres euritos, y sacándose una pasta; el tenderete que montaron algunos en la Plaza vendiendo sangría “Don Simón”; el sospechoso olor a naftalina de algunas camisetas blanquiverdes; los manidos recuerdos a Sevilla de quiénes se morirán siendo catetos… Todos tenemos imágenes de esa noche, de ese sueño cumplido. Sería bonito hacer un álbum con todas ellas.



No voy a incidir ahora en si, anoche, el aforo de las Tendillas duplicó o no el normal de un partido en El Arcángel. Me conformo con que tres o cuatro mil no asiduos (¡qué menos!), dejen de ser discontinuos y se apunten a la causa. No se arrepentirán. Abrazar la doctrina del cordobesismo es sólo privilegio de unos cuantos; una secta abierta pero, a la vez, restringida a quiénes pongan al Club en lo más alto, por encima de Messis, Cristianos y Simeones. No se admiten quiénes duden de a quién animarán cuando venga su otro equipo. No nos valen los cuernos.


No es este un texto demasiado currado, ni siquiera medianamente bueno, pero, os aseguro, que es el que he escrito en mi vida con más felicidad. Anoche me sentí el hombre más alto de la tierra, tanto que toqué el cielo en las Tendillas. Y arriba, os lo juro, vi estrellas blancas y verdes que se encendían y apagaban. Y, sabiendo que muchos que se quedaron en el camino nos observaban felices desde arriba, sólo se me ocurrió decir “¡Gracias por echarnos una mano!”. Y, tras varios guiños de unos cuantos luceros, preferí volver a casa y disfrutar de mi alegría en silencio.


Paco López-Cordón V.

@mushocordoba

sábado, 21 de junio de 2014

Avanzadilla blanquiverde en Las Palmas


Nada hace presagiar en la playa de Las Canteras que, en apenas unas horas, uno de cada diez canariones esté dándolo todo en el estadio de Gran Canaria para ayudar a su equipo a subir a primera. Mucha gente, poca ropa, más pendiente de coger un buen bronceado para el próximo San Juan, fiesta grande la ciudad. En el paseo marítimo se respira vida, pero exenta de fútbol, más allá de una pareja de alemanes pendientes del próximo encuentro de su selección. Ninguna bandera en los balcones, un par de camisetas colgada en algún bar y pare usted de contar.

- “Desde que nos mandaron a ese estadio tan frío, vamos para abajo” - me contaba Javier, un amable hincha de la Unión que volvía de Córdoba de presenciar la ida. “Puede pasar lo que sea, el fútbol no tiene reglas”. Nadie lo diría viendo la euforia que parece rodear al equipo amarillo y a sus incondicionales en las redes sociales. En contrapunto, calma tensa en nuestro lado, con un regusto amargo de muchos cordobesistas que, pese a sus múltiples intentos, no podrán presenciar a su equipo en directo, torpeados por la incapacidad de una directiva que se ha vuelto a lavar las manos como Pilatos, dejando al equipo prácticamente ante una inmensidad de treinta y dos mil canarios. Nunca habrá más cordobesistas abandonados en su propia ciudad que mañana por la tarde.

Un centenar de osados blanquiverdes han logrado salvar todos los escollos y desembarcar en la isla este sábado. Se espera una segunda remesa de iguales características mañana, día del partido. Todos son conscientes de que es el partido más importante de la historia reciente del Córdoba C.F. Muchos van solos, con una maleta en la que solo cabe un bañador, un par de blanquiverdes y toda la ilusión del mundo. Algunos son muy valientes y solo piensan en la gloria; otros están muertos de miedo, pensando que si se pierde y hay que esperar otros 42 años, lo mismo no vivirán para verlo. Hay muy pocas vivencias que, este que escribe, pondría en la lista antes de un ascenso a primera de su equipo. A estas alturas de la vida, probablemente ninguna. No es una cuestión baladí lo que se jugará mañana, pero la confianza en los nuestros es plena. La tendencia hace que el optimismo se convierta en realismo y que la esperanza de un final apoteósico sea más que un bonito sueño de una noche de verano canario.

Mañana, sobre el campo, la verdad.

jueves, 19 de junio de 2014

Año 42

Año 42. Villa. Fichajes. Ruso en el 90'. Cae Riazor. Glorioso. Descuento. Silva. Encerrona. Penalti fallado. Humildad. Desmarque. Calidad. Venganza. Batacazo. ¿Rennella?. Aguante. ¡Armando!. Volveremos. Se nos escapan vivos. Salimos vivos. Uli al cubo. Pase de Pacheco. Debacle. Mendi. Se lo contaré a mis hijos. Abel. Abismo. Bendito 2-0. Pedro y dolor. Clase. Decepción. Suerte. Campeón. Adiós, amigo. Frío. Chapismo. Lagarto frito. Xisco. Cuenta pendiente. Puntazo. Lástima. González vete ya. Aquí está el Córdoba. Escalando. Sufriendo. Se escapa. Golazo. Maldito descuento. Puñetazo en la mesa. Creer. Ganar. Marea blanquiverde. Menosse. Pánico. Cábalas. Llenazo. Sobre el campo la verdad. Play Off. Minuto 7. Esta es tu hinchada. Final. Ilusión. Es ahora. Orgullo. Córdoba Club de Fútbol.

miércoles, 18 de junio de 2014

El día en que los niños se convirtieron al cordobesismo



No tendría más de diez años. Aquel pipiolo, de la mano de su padre, escuchaba pacientemente sus batallitas futboleras. Córdoba. 19 de junio. Siete de la tarde. Cuarenta grados. Todo ello sumado, y venir andando desde el Barrio de la Viñuela, hacían que ese niño no viera el momento de llegar al Arcángel, y beberse de un buche esa botella de agua que su padre llevaba, con popurrí de chuches, en la bolsa del Mercadona. Un par de veces había intentado interrumpir el monólogo paterno, pero que si quieres arroz, Catalina… Cuando papi contaba las batallitas futboleras, cuando cogía velocidad hablando de su Córdoba C.F., no había quién lo callara.



De esta guisa, el chaval se enteró de que ese podía ser el último partido que el Córdoba jugara en este Estadio en Segunda División, hasta más ver. Y, tras ese punto de partida, su padre desencadenó una serie de datos que el niño intentaba –sin éxito-, absorber como una esponja. Era imposible. Esa verborrea no había quién la entendiera: El ascenso de Cartagena; el partido de las lágrimas ante el Valladolid; la liguilla de ascenso con los goles de Asen en Pontevedra y del pollito Guzmán ante el Huesca; el gol de Moisés al Zaragoza en el último segundo; las salvaciones a última hora en Getafe o Leganés; el penalti de Abraham Paz; el codazo de Albácar a Charles; las buenas campañas en Copa; el partido ante el Barsa…

 

Lo único que el crío sacaba en limpio era que el encuentro de esa noche podía ser histórico, y que en unos meses jugarían allí el Madrid, el Barsa, y, sobre todo, su Atleti. Al acordarse, interrumpió la perorata de su padre, también colchonero, y le preguntó que quién querría que ganase cuando se enfrentaran. El frenazo en seco, y la mirada seria e incrédula del padre, venían a decirle al niño que se dejara de pegos, y que ellos eran cordobesistas; que lo del Atleti era otro tipo de cariño. Demasiado difícil de entender para tan pocos años.



El Estadio ya estaba cerca, y, aunque faltaba casi una hora, la marea blanquiverde se acercaba en masa. Poco a poco, la pareja se iba entremezclando con grupos que, como ellos, iban equipados de blanco y verde con exclusión absoluta de ningún otro color. El Arcángel se iba a llenar y miles de personas vivirían uno de los días más felices de su vida, porque el Córdoba C.F. iba a dejar la eliminatoria prácticamente sentenciada tras un épico partido en el que golearon a la Unión Deportiva Las Palmas.



Unos cuantos años después, los buenos aficionados, cuando recordamos ese día, aún se nos tiñe el vello de blanquiverde. Ahora sí valoramos lo que hicimos esa tarde calurosa en la que el Córdoba le dio prácticamente un corte de mangas a la Segunda División, ascendiendo de manera oficial tres días después. Ese domingo, aquel niño y su padre se dieron una ducha de cordobesismo en las Tendillas, con miles y miles de aficionados. Hoy, después de haber asistido a muchos partidos de Primera, y con varios quinquenios de sangre blanquiverde en las venas, ese niño, hoy mayor, asiste con su hijo pequeño al Arcángel, y recuerda aquel jueves tórrido en el Estadio, como el día en el que comenzó a olvidar a su Atleti, y se hizo cordobesista hasta la muerte.

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba 

lunes, 16 de junio de 2014

1.111


A las afueras de Murcia hay un pueblo que se llama Patiño. Nuestro GPS quería cachondeo, supongo que aburrido de tanta autovía, y nos mandó en busca del filipino, perdiéndonos en un laberinto de casas destartaladas y urbanizaciones sin nombre. Eso sí, había decenas de avenidas Juan Carlos I (qué monárquico todo) y por todas fuimos pasando hasta dar con la que buscábamos. Nuestro hotel estaba a cien metros de el del Córdoba, unidos por un silencioso tranvía blanquiverde. Indicados por unos achos, invadimos un Burguer King como si fuera El Dorado, a las una de la madrugada del que iba a ser, aún no lo sabíamos, el día maravilloso. Una chica de Alicante repartía publicidad de un pub al que no sabía llegar. Todos coincidimos en que alguien la acompañaría pasadas unas horas. Hicimos de andaluces en un bareto mientras Balotelli trabajaba y le alegramos la noche (sic) a las dos guapas murcianas que lo llevaban. No saben en ese secarral que tres Rafaeles juntos, con permiso de un Carlitos, pueden darle vida hasta al más aburrido de los antros. Como somos muy formales nos recogimos antes de que amaneciera. Algunos se quejaron de que otros respirábamos algo fuerte. Bah, quejicas. Sin entrada en el bolsillo, este que escribe no podía estar tranquilo y embarcó en el tranvía en busca del lugar de la batalla. La ciudad y los otros compañeros, ahora sí, dormían. En la Nueva Condomina moría el tranvía, en la Nueva Condomina iba a morir el Real Murcia. Mientras las marmotas despertaban, la prensa local explotaba en euforia. Nos iban a dar la estocada, decían. Desayunamos cuatro solomillos de ternera en el Restaurante El Patio, el cual merece publicidad a pesar de cobrarnos siete euros por un plato de patatas fritas de las más normales. Empezamos a soñar con el balón con la copa de ídem delante. Siesta, ducha, blanquiverde y a vivirlo.

Como frikis quinceañeros esperamos a despedir el bus de los nuestros. El pajarillo tenía cara de no poder jugar y el calvo de que no le dejaban jugar. Los escoltamos hacia el estadio mejor que la policía. El quesito visitante reventó y hubo que abrir un segundo. No estaban todos los que son, pero eran todos los que estaban. El Sporting se entretuvo en perder su partido, minutos antes de comenzar el nuestro. En Las Palmas va a ser. No saben ustedes cómo gritábamos. Insisto, no pueden ni imaginarlo. El himno sonó en el minuto 1 y se escuchó hasta en Patiño. Claro que fue penalti y claro que fue gol. Pero nuestro. Los blanquiverdes volaban entre los asientos, se abrazaban los unos a los otros con los ojos teñidos de sangre. Hubo alguna lesión sin importancia en la celebración, algún rasguño sin dueño. Después equipo, equipo y equipo. Ni soñamos con un primer tiempo tan cómodo. El proscrito calentaba en el descanso y empezamos a jugar a entrenadores. Creo que nadie acertó que entraría delante del lateral. El negrito habilidoso volvió loca a nuestra banda izquierda y todo se nubló de pronto. Los granas habían encontrado una vía. El desterrado la cerró de un testarazo y volvimos a amarnos. El hedor a miedo y sudor de tantos años y kilómetros, se convirtió en la más dulce fragancia. Otra vez equipo, equipo y equipo. No defendían 11, defendían 1.111. El rival dio sus últimos y estériles estertores. Todo el que se marchaba, se paraba un minuto para intentar empaparse una pizca de la felicidad de esos locos. Que me disculpen si no pude besar y abrazar a alguno de esos 1.111. No fue porque no quise. Fue final al cuadrado. Queda una semana. Volveremos.

viernes, 6 de junio de 2014

Esta vez será diferente

Me siento feliz al saber que nuestro Arcángel no enseñará plástico mañana. Muchos de esos novatos se contagiarán de Cordobesismo durante esas dos horas cortas que durará el partido, y esto es algo que hay que celebrar. Sin embargo, quizá porque en esto del Córdoba me siento un viejo, el lleno no me hace tanta ilusión como hace unos años. No quiero recordar ejemplos de llenos que acabaron en tragedia. El "no hay billetes" no asegura más que un bonito colorido al inicio. También puedo enumerar algunas muchedumbres que prometían, pero que no ayudaron en nada a que los del verde triunfaran. Pero, ¿por qué no?. Esta vez será diferente.

El sábado viviremos otro de esos episodios que recordaremos cuando nos pongamos nostálgicos, otro de esos partidos que no podremos olvidar. Tras el gol del Recre es imposible que nuestra memoria no repesque al Levante, al filial del Deportivo o al Almansa, o sin irse tan lejos, Eibar, Zaragoza, Murcia, Sporting, Deportivo o Huelva. Esas mil y una derrotas que provocaron que ya tengamos ya el callo hecho. Esas mil y una derrotas que provocan que la historia, el fútbol o el destino nos deban más Cartagenas, Pontevedras o Huescas. Esta vez será diferente.

La vida esta hecha para días como mañana, para días como el sábado pasado. El resto es aire. La única prueba de que estamos vivos son los recuerdos y estamos teniendo muchos esta temporada. Me lío con los años de Lucas, no recuerdo cuál es cuál. En mi vida estarán los dos partidos que hemos jugado con el Zaragoza este año y que pienso contárselos a mis hijos si es que alguna vez quieren escuchar las batallitas de grada de su padre. También pienso contarles lo del sábado pasado y lo de mañana. Porque esta vez será diferente.

No podemos tener siempre la desgracia colándose por todos los resquicios. No es posible que sigamos siendo unos cabrones para la eternidad. Esta temporada nos han engañado, vilipendiado y humillado desde nuestro palco y desde el de los rivales. Nos han robado en nuestra propia grada, en nuestra casa y lo han intentado en la ajena. Hemos visto como los visitantes ocasionales han sido mejor tratados que los que tienen insignia de oro y brillantes. Algo tiene que equilibrar la balanza y esta vez va a ser el fútbol. Esta vez será diferente porque las matemáticas no fallan. Las probabilidades terminan, a la larga, cumpliéndose. Y ya nos toca. Y si no, nos tocará muy pronto. 

Esos tres cabezazos que dio el Recreativo a las 20:50 horas del sábado pasado nos hicieron dudar. Era la película que hemos visto tantas veces. Vi a mi madre temblar desconsolada a mi lado, incapaz de fijar la vista hasta salir del Colombino. Yo la animé a viajar. Yo le busqué una entrada que pudiera pagar. Yo le provoqué ese sufrimiento, aunque sea de forma indirecta. Ni las gambas de Huelva le abrieron el apetito. Pero esta vez será diferente.

Y si no lo es, añadiremos otra cicatriz a la colección. En septiembre volveré a deciros, justo antes del pitido inicial en la jornada 1, que "Este año es el nuestro. Mucha suerte a todos". Pronto estaremos esperando el calendario, viendo en qué fecha vamos al Villamarín y deseando que nos toque ir a Soria en verano. Aplaudiendo al Xisco de turno, maldiciendo que vuelvan a engañarnos con los abonos. Soy muy feliz por poder compartir todos esas opiniones, ratos, sonrisas, discusiones, risas, lágrimas, sentimientos al fin y al cabo, con todos vosotros. Sois mi familia segunda. No voy a nombrar a nadie, porque vosotros sabéis quienes sois. 

Pero esta vez será diferente. Gritaremos gol una vez más que los colorados. Nos abrazaremos a los compañeros de sector, cantaremos el "Volveremos" y nos partiremos las manos aplaudiendo a los futbolistas. Luego nos iremos un ratito a las Tendillas, y como los malos novios le prometeremos que la próxima vez estaremos más tiempo. A los que no hayamos felicitado y besado en persona, lo haremos por internet. Nos acordaremos de quienes nos metieron esta droga en las venas, de los que ya no están. Maldeciremos al presidente de turno que quiera timarnos con las entradas y empezaremos a planificar el primer viaje al infinito. Haremos cientos de alineaciones. Y soñaremos. Soñaremos con esa gloria que tantas veces hemos pintado en nuestras memorias y escrito en nuestros diarios. Esa gloria que no acaba de pararse nunca a la ribera del Guadalquivir. Pero esta vez será diferente, amigos. Mucha suerte a todos.

lunes, 2 de junio de 2014

El futuro empieza el sábado

En el mismo segundo en el que en mi Tablet apareció el portero local sacando de meta, leí el tuit de no recuerdo quién: Gol del Recre. La jugada continuó en mi pantalla, y, diez segundos después (¡Viva la tecnología del siglo XXI!), acabó como ya todos sabemos: sacándonos del playoff de la forma más cruel posible. Me consolé pensando que ganando no estábamos en Primera, y empatando no se escapaba definitivamente el Playoff. Tiré de la experiencia que dan los años para este tipo de situaciones, y ahí ando, más mal que bien.

Recordé el fallo de Xisco, pero también el cante de Raúl Bravo ante el Zaragoza, el penalty de Pedro ante el Barsa B, el fallo de Saizar en Mallorca, el despiste de López Silva ante el Sporting, las empanadas defensivas en Eibar, en Murcia, en Zaragoza, en el Arcángel ante el Depor..., y pensé, ya más en frío, que el éxito o el fracaso de un equipo no es culpa de un solo jugador, sino de todos y cada uno de los futbolistas, técnicos y directivos.

Como decía el proverbio oriental: "Si algo tiene remedio, ¿para qué te preocupas?. Si algo no tiene remedio, ¿para qué te preocupas?. En resumen, ¿para qué te preocupas?". Mejor pensar en temas ajenos a los que motivan el cabreo, e intentar, de esa forma, no mortificarse demasiado.

Es momento ahora de resetear, de formatear ese disco duro que se nos ha quedado colgado con el final de Huelva. Pero no se trata de partir de cero, porque estamos en una situación privilegiada que todos hubiéramos firmado a comienzo de curso. Es hora de poner la guinda a la tarta, y, para eso, necesitamos 20.000 pasteleros dispuestos a endulzar un sábado de gloria.

Esos trece o catorce jugadores que, ante el Mallorca, lucirán la blanquiverde, luchan por nuestros mismos objetivos, tienen nuestros mismos sueños, y llevan nuestro mismo escudo. Esos futbolistas necesitarán nuestro aliento para correr más que los malos, los que vienen a robarnos nuestra ilusión. Esos, los de rojo, son a quiénes hay que pitar, y los que tienen que sentir en sus tímpanos que somos más y somos mejores.

El sábado, la salida de los jugadores por el túnel de vestuario tiene que servir para que unos vean el cielo y otros el infierno. No nos equivoquemos. No metamos la pata. Noventa minutos dan para mucho. Fallaremos goles claros, tendremos despistes en defensa, erraremos pases. Nada nuevo bajo el sol. Nada que no le ocurra al mejor equipo del mundo en todos sus partidos. Se trata de animar a quién se equivoque para que lo haga mejor la próxima vez, y no abroncarle para generarle presión y nervios. Aquí somos de tener poquita paciencia. Venid todos con el Orfidal tomado de casa.
 
Necesitamos sumar, no restar. Si nos metemos eso en la cabeza, todos (jugadores y aficionados), tendremos mucho ganado. Vamos en el mismo barco. Si en pocas semanas queremos compartir llantos de alegría, y tocar el cielo en las Tendillas, no podemos darle ventajas al enemigo. Dejemos rencillas para otro momento. Al acabar la temporada podremos hacer balance. Ahora, todos a una. 

El futuro empieza el sábado. Si quieres empujar con nosotros, estás a tiempo. Si esperas que otros hagamos el trabajo para que tu te diviertas en las Tendillas, no eres cordobesista, ni lo serás nunca. Piénsalo. Por el precio de un cubata tienes hora y media de espectáculo. No tienes excusa. Si te lo pierdes, déjanos disfrutar o lamernos las heridas. Si vienes, serás uno más de los nuestros, y, para bien o para mal, tu corazón siempre será blanco y verde.

¡¡Córdoba!!

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba