lunes, 28 de abril de 2014

Ser del Atleti y ser del Córdoba

Leemos durante estos días decenas de preciosos artículos sobre los posibles y/o próximos alirones del Atlético de Madrid. Uno de los más emotivos lo ha enlazado José Luis Pineda (uno de esos amigos por los que casi todos, incluso parte de madridistas y culés, deseamos que los colchoneros triunfen) hoy en Twitter y lo firma Pedro Simón. De todas las ideas que aporta Simón me quedo con la siguiente "Lo primero que hay que remarcar es que ser del Atleti no es ser un sufridor, qué va. Somos el tercer equipo de España en títulos."

Me hizo pensar la frase. Ser del Atleti puede tener su premio, porque cada cierto tiempo ganan, aunque las épocas de vacas flacas se alarguen más de lo que sus aficionados desearan. Tienen a su rival y, aunque tarden 14 años, a veces le hacen doblar la rodilla. Incluso en su casa y en una final. Entonces, empecé a notar como la envidia de la mala me iba picoteando las entrañas. ¿Qué sacamos con ser del Córdoba?, me volví a preguntar. Podemos soñar alguna vez con ganar algún título, pero tiene la misma verosimilitud que si un pez sueña con visitar la Mezquita. El Córdoba nunca va a ganar nada. Lo de "lo importante es participar" es una mentira para que los perdedores se vayan a casa sin llorar demasiado. Pienso educar a mis hijos en que hay que jugar a ganar siempre. Está claro que mi anhelo de que sientan la blanquiverde y el sentido común entran en clara disputa. Además, ¿cómo desearle a mis niños que mamen de una leche tan agria?

Llevo padeciendo en el Arcángel desde el año de tercera, esta temporada hace treinta. Los años que no he podido pagar en verano, he hecho lo posible por estar: he buscado carnés debajo de las piedras, me he colado, he pedido pases, he llegado a pagar más con las entradas que con el abono, e incluso conseguí trabajar durante dos años en los descansos repartiendo encuestas. He hecho miles de kilómetros detrás de las malditas rayas. Me la he jugado volviendo de noche, muerto de sueño en la carretera. Me he puesto "malo" para no ir al trabajo, porque mi enfermedad se curaba en algún lejano campo de fútbol. Hasta he tratado de mediar con dictadores locos y bajitos que, en su megalomanía, nos llevaban al precipicio. ¿Y qué ha hecho el Córdoba por mí? No me vale el tópico de que con el Córdoba se conoce a gente y se hacen amigos. Si te vas de peroles a Los Villares o si te apuntan a un curso de ajedrez, también se conoce a gente. He llorado de pena tres veces por cada alegría. Por cada Cartagonova ha habido tres Deportivo B. He paladeado el miedo al descenso en más ocasiones que la dulzura de un posible ascenso. Este equipo me ha hecho ser desconfiado al dirigirme al campo a base de ilusiones rotas. He temido más a la desaparición que a su crecimiento. He perdido, en definitiva, muchas más veces de las que he ganado.

No he sido el único que ha hecho locuras, por supuesto. Ha habido gente que se ha hecho mil kilómetros para darle vueltas al estadio del Huesca, para que en vez de 175 fuéramos 1175. Tengo un compañero de sector que, el único día que no ha ido borracho al estadio, fue cuando llevó a su hija por primera vez al Arcángel, para explicarle quién eran los buenos y quién eran los malos. Hay locos que se tragan todas las semanas partidos de benjamines, alevines, infantiles, cadetes y juveniles, o que se tiran a la carretera cada 15 días para ver al filial. Conocimos gente que fue a Valladolid todos los días previos a la vuelta del play-off para sacar entradas a sus compañeros de locuras. Ya conozco dos casos de abonados con dificultades económicas que pagarán el abono del curso que viene, aunque el presidente se desdiga de su promesa, todo para ayudar al club. 

Somos cinco o seis mil. Hay más abonados, todos y cada uno de los cuales tienen mi total respeto, faltaría más, pero somos menos los que somos del Córdoba y lo seremos siempre, sabiendo que los números de nuestra contabilidad emocional siempre estarán en rojo. Algún día subiremos a primera y ya tendremos gasolina para otros cuarenta años. No nos hará falta ganar nada, ni una mísera copa. Así que, desde aquí, quiero desearle a los aficionados del Atlético que pronto estén inundando Neptuno. Que presuman de entrenador, de futbolistas y de títulos. Pero, como dice Simón en el artículo, ser del Atleti no es ser un sufridor. Si quieren saber lo que es el verdadero sufrimiento que pregunten a los que van de blanco y verde.

jueves, 24 de abril de 2014

El alma de Antonio




          Aquel domingo, Antonio madrugó, pero esta vez no para jugar al fútbol. No podía. Tenía el tobillo inflamado de una mala patada en el partido del día anterior en Salesianos. Por mucho linimento del Tío del Bigote que se untaba, no mejoraba, y, además, el tufillo en casa comenzaba a ser irrespirable. Pero él quería ir al Arcángel.  Jugaba el Levante y era el último partido de liga. Su Córdoba, en la segunda temporada en Primera División, aunque ya había evitado bajar directamente a Segunda, aún podía disputar la promoción de descenso. Pontevedra, Español, Oviedo y Murcia, entretejían con los blanquiverdes una serie de posibilidades que Antonio no quería ni nombrar. Nervioso, comentaba con su padre:

-      “Papá, si ganamos no hay problemas”, decía, mirando la entrada de Gol Sur que su padre le había regalado por el notable en Ciencias Naturales.

-     “Y si no, fíjate en el Marcador Simultáneo Dardo, y vigila sobre todo el Reloj Radiant, que es el Madrid-Oviedo”, le respondía su padre, simpatizante del Atlético de Bilbao, y que seguía sin entender lo fuerte que le había dado al niño con el Córdoba.

Antonio iba a cumplir los quince. La adolescencia comenzaba a regalarle una incipiente pelusilla bajo la nariz, y presumía de ello. Aunque le empezaba a cambiar la voz, no dejaba de ser un mozalbete alto y desgarbado, que intentaba sacar el pescuezo y sobrevivir más mal que bien en aquella Córdoba de mitad de los sesenta.

Aquél 26 de abril de 1964 fue especialmente caluroso. Con casi 30 grados, Antonio hizo un esfuerzo por llegar al Estadio a pie, desde los pisos de Cañete, donde vivía, en la Avenida de Medina Azahara, pero, en las Tendillas, junto a la ventanilla de la Teatral, dudó entre seguir o esperar el autobús. Llevaba el dinero justo para comprarse una gaseosa y unos altramuces, pero el dolor y la inflamación le convencieron. Además, la aparición del autobús deshizo cualquier titubeo. Radio Arjosan, rezaba la publicidad. Subió. Aunque observó bastantes asientos libres, prefirió quedarse de pie, junto al cobrador, mirando la primavera por la ventanilla.
 
Claudio Marcelo, Diario de Córdoba, Calle de la Feria… Tras la parada de la Cruz del Rastro, al continuar la marcha hacia la Ribera, el autobús no gira, ¡No giraaaa!…. Del murmullo al grito, y del grito… a la nada. El impacto con el agua y la espiral de golpes y burbujas le deja atado a la vida por un hilo fino a punto de romperse. Se ahoga. Se acuerda de mamá, de papá, de mamá, de papá…, de mamá…, de pa…

            No sintió la muerte. La muerte en sí no se siente, no se sufre. Simplemente llega, para quedarse. Su espíritu emergió del corazón del autobús, y, desde el fondo del río, levitó bastantes metros, hasta alcanzar una panorámica dominante. Sin mover la cabeza, pudo mirar a su alrededor, con esos ojos de camaleón con que obsequian a las nuevas almas para que no se pierdan detalle. Allá abajo, reinaba el desconcierto, el llanto, las sirenas, el ir y venir histérico de unos y otros. Mientras, allá arriba, vio como, poco a poco, iban subiendo y reuniéndose con él uno a uno: Wenceslao, Fernando, Mariano, Ana, Luis, José, Isabel, Alfonso, Manuel y Pedro. Curioso, con Antonio, once. Un buen equipo de cordobesistas con quien compartir la eternidad.

            Observó, allá a la izquierda, tras el giro del Guadalquivir, el Estadio del Arcángel, donde tantas tardes desde pequeño había sufrido por su Córdoba, y donde, con ese añadido sadomasoquista que tiene el fútbol, tanto había disfrutado. Sin apenas esfuerzo, sólo deseándolo, se acercó. Los jugadores de los dos equipos ya estaban sobre el césped: Benegas, Simonet, Riaji, Lapetra… No los sólo los distinguía, sino que los podía casi tocar, levitaba entre ellos, pero no por estar a pie de césped perdía visibilidad sobre todas y cada una de las zonas del campo. Y entonces, alguien le llamó:

-          “Antonio, siéntate con nosotros”.

Sobre el círculo central, en una especie de amplios palcos, un nutrido grupo de personas se disponían a presenciar el partido. Y, entre ellas, Antonio vio como su abuelo Paco le hacía señas. El tabaco le había matado años atrás, pero allí estaba, con su Bisonte humeante entre los labios y su barba desaliñada. Se abrazaron fundiéndose en uno solo, y Antonio comprendió entonces que nada malo le sucedería jamás.

El partido comenzó y fueron cayendo un gol tras otro: Miralles, Vázquez, Juanín… En el campo se sabía ya lo ocurrido y los jugadores señalaban al cielo al marcar. Y sus dedos índices iban tocando uno a uno a Antonio, a su abuelo, y a esos miles de miembros de la Peña Celestial Blanquiverde que disfrutaban y aplaudían desde las mejores butacas del Estadio.
 
Y, desde ese día, hasta hoy, y hasta siempre, Antonio, su abuelo, y todos los cordobesistas del cielo se reúnen en El Arcángel los días de partido, compartiendo palco con muchos otros que, alguna vez y para siempre, formaron y formarán parte de la historia de nuestro Córdoba: Ángel Moreno, Ricardo Costa, Roque Olsen, Juancho Benegas, José Ramón García, Rafael Martínez, Juanín, Simonet, Enrique Orizaola, Ignacio Cid, y tantos y tantos otros.

Si usted se fija bien, cuando el Córdoba marca un gol, notará que, junto a los jugadores, surgen y se apagan al instante unas pequeñas luces verdes que podemos achacar al sol, a los focos, a los flashes de las cámaras o a un espejismo sin sentido. Nada de eso. Son las almas de los cordobesistas que, en el cielo, expresan su alegría.

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba

jueves, 3 de abril de 2014

Carta a Carlos González

A las 23:07 horas de este lunes, 31 de marzo de 2014, le enviamos esta carta al Presidente del Córdoba C.F.


A Don Carlos González, Presidente del Córdoba Club de Fútbol, Sociedad Anónima Deportiva:

JUSTIFICACIÓN Y OBJETIVOS

Ante los últimos acontecimientos acaecidos alrededor de nuestro Club, las numerosas decisiones erróneas, o al menos controvertidas, tomadas por todos los estamentos, y la intransigencia tanto del Presidente como de la mayoría del Cordobesismo, los abajo firmantes (en adelante, Promotores) han tomado la decisión de dirigirse al Presidente para proponerle la celebración de una mesa redonda privada (cuyos detalles daremos a continuación) con los únicos objetivos de mirar al futuro reciente, acercar posturas y hacer frente común hasta final de temporada.

Creemos que tanto el Presidente como el Cordobesismo tienen mucho que perder si los resultados deportivos continúan trazando la tendencia negativa de los últimos meses. El descenso de categoría del club supondría para el primero una irrecuperable pérdida de prestigio ante la opinión pública nacional, y una merma importante en la cotización de la entidad; para los segundos la muy probable desaparición de un Club que ha formado parte de nuestras vidas durante 60 años.

Le reiteramos que nuestro único deseo es sentar las bases de entendimiento y unión, imprescindibles para llevar la nave de nuestro equipo a buen puerto evitando, de esa manera, confrontaciones entre nosotros que sólo conducen a dejar a nuestros jugadores en franca inferioridad con respecto al resto de clubs. En la misma medida que no ponemos en duda la importancia de este final de temporada para el propietario del Club, no debe éste menospreciar lo que supondría para nosotros un descenso de categoría.


ASISTENTES

- Don Carlos González, Presidente del Córdoba
- Un miembro más de la junta directiva elegido por el Presidente.
- Un periodista elegido por el Presidente.
- Don Francisco Merino, del periódico digital Cordópolis.
- Don José Luis Pineda, en calidad de observador. 
- Don Javier Jiménez, abonado del Córdoba.
- Don Francisco López-Cordón, abonado del Córdoba y uno de los fundadores de la web BlanquiverdeBlog.es
- Don Víctor Guerra, vicepresidente de la Agrupación de Peñas Cordobesistas.
- Doña Inmaculada Atienza, vicepresidenta de la Federación de Peñas Cordobesistas.
- Don Fran Habas, como moderador. La experiencia y el éxito de Fran en la moderación de diferentes mesas redondas de este tipo, es fácilmente probable.

Opcionalmente, si así lo estima oportuno el Presidente, podrán asistir alguno de los capitanes de la primera plantilla y el entrenador. 


TEMAS A TRATAR

- Revisión del objetivo deportivo del club para la actual temporada.
- Tratamiento económico y afectivo al abonado.
- Propuestas para una masiva afluencia de aficionados en los cinco encuentros que aún restan por disputarse en El Arcángel.
- Comunicados por ambas partes, difundidos por todos los medios al alcance, con los acuerdos alcanzados en la reunión.
- Ruegos y preguntas.

ACLARACIONES

Los Promotores están dispuestos a escuchar al Presidente para una posible modificación o ampliación de los asistentes a la reunión, de los temas a tratar, o para la aclaración de cualquier otro detalle.

Todos los asistentes han sido informados de dicha propuesta tanto de forma telefónica, como con una carta exactamente igual a esta. Todos, sin excepción, han aceptado de buen grado su participación en la mesa redonda.

PLAZO DE RESPUESTA

Los Promotores entienden que 72 horas son más que suficientes para que el Presidente nos comunique la aceptación de nuestra propuesta. Llegados a este punto, solo quedaría acordar la fecha y el lugar del encuentro.

Si no obtuviésemos respuesta, consideraríamos la propuesta como rechazada.


Sin más, nos despedimos con un cordial saludo.

Don Rafael Japón Luján
Don Francisco López-Cordón Verde

Abonados del CÓRDOBA C.F.