viernes, 25 de octubre de 2013

Un cuento en blanco y verde



Aquella tecla del mando a distancia, siempre había estado ahí. Al menos, eso supongo. En ella, redonda, y situada en la parte inferior derecha, se leía con dificultad "To change". ¿Cambiar?. ¿Cambiar qué...? Pulsé de manera refleja y, en la pantalla del televisor, apareció la fecha del día, en tres grupos de dos, dos y cuatro dígitos. Recordé el Delorean de Marty McFly en "Regreso al futuro", y sonreí, moviendo la cabeza, sorprendido conmigo mismo por lo que estaba pensando. Entonces, me puse a trastear el dichoso mando, intentando modificar los números en la pantalla. Comprobé que no respondía a mi intención de ir hacia adelante. ¿Estaba bloqueado? No, porque sí retrocedía de año en año, de mes en mes...

¿Y ahora qué? Como un autómata, seguí el juego sin saber qué era realmente lo que ocurría. Se me venían muchas fechas a la cabeza, muchas situaciones de todo tipo, entrecruzadas como en un flash back. Eludí buscar cualquier día importante en lo personal, y pensé en el fútbol, en el Córdoba C.F. Recordé el 15 de junio de 2008. Me paré allí. Era el día en el que los blanquiverdes estuvimos al borde del abismo, a un paso del descenso a Segunda B. Al completar la fecha, aparecieron en multipantalla diez o doce fotogramas. Escenas de aquel caluroso domingo. Y, entre ellos, sin fijarme en los demás, escogí el que estaba buscando: Aquél en el que Abraham Paz, se disponía a lanzar en el Estadio Rico Pérez de Alicante, el penalti que pudo cambiar la historia reciente de nuestro equipo.

Pulsé o.k. y el fotograma cobró vida. El entonces cadista tomaba carrerilla para fallar el penalti y alegrarnos la tarde. Dispara y... ¡Gol! ¿Gol? Sanzol se había lanzado a la izquierda y el balón entró mansamente por la derecha, a media altura. No recordaba que el árbitro hubiera ordenado repetir la pena máxima… Sin embargo... ¡no parecía que el penalti tuviera que volverse a lanzar…! Los amarillos se abrazaban exultantes con el defensa, formando una piña con él en el suelo. El Sr. González González no dejaba ni sacar de centro. ¡Pero si no fue así….! El partido había terminado. El comentarista decía que el Córdoba C.F. era equipo de Segunda B. ¿Qué broma era ésta…?.

Entre la sorpresa y el miedo a lo desconocido, agarré el mando y apagué el televisor. Aturdido, incluso desconecté el enchufe de la red. Pocas ganas tenía de quedarme en casa, y, tras tomarme un ibuprofeno para aliviarme el dolor de cabeza, salí a despejarme. Todo era normal. Absolutamente todo. Tampoco esperaba otra cosa. Caminaba sonriendo, pensando en lo ingenuo que había podido ser con tamaña inocentada. No tenía sentido. Decidí tomar un café en aquel bar junto a mi casa, ese en el que las paredes estaban pobladas de recuerdos blanquiverdes: banderas, camisetas, fotos, bufandas… Entré y… ¡no era posible! ¡Si estuve allí la semana pasada! Aquel santuario cordobesista se había convertido de la noche a la mañana en un popurrí de equipos de fútbol. Allá una foto del camarero con Andrés Iniesta, acá bufandas del Madrid. Allí una camiseta rojiblanca firmada por el Kun. Sevilla C.F., Málaga, Athletic de Bilbao… En un rincón, junto al televisor, observé una pequeña bandera en blanco y verde… Era del Betis. No había rastro de nuestro equipo por ningún sitio.

Como un zombie, llegué a la barra y pedí el café. Tras las botellas de licor, fijé la mirada en un cartel, a tamaño A3, que me llamó la atención. Anunciaba un partido de fútbol de la Primera Andaluza para el sábado siguiente: Córdoba C.F. – Castilleja C.F. Y, como arenga, una frase que recordaba: “Volveremos a ser grandes”. Y otra que me dejó frío: “Contigo, desde cero a Primera. Pasión Infinita”. Cuando me sirvieron el café, yo ya no estaba allí. Crucé la calle sin apenas mirar. Sentí frenazos, reproches e insultos. Llegué al kiosco y agarré el primer diario deportivo que encontré. Miré la tabla de Segunda A de abajo a arriba y de arriba abajo. No estaba el CCF. Demasiadas coincidencias. Demasiadas erratas.

No sé cuánto tiempo anduve sin rumbo, preguntándome qué estaba ocurriendo, pero sin saber cómo, llegué al Estadio del Arcángel. Matorrales, pintadas, mugre, desolación. Parecía un edificio abandonado. Sólo el San Rafael parecía no haber cambiado, aunque su blanco se había tornado en un tono plomizo, como mimetizando su alrededor. Comencé a rodearlo, esperando encontrar desconozco qué, y descubrí como la tienda del CCF estaba desmantelada, incluso con uno de los escaparates destrozado a pedradas. Entonces me fijé en un grupo de niños que jugaban al fútbol junto a la Entrada de Tribuna. Los miraba y algo me resultaba extraño, sin saber qué. ¡Ya está! Ninguno vestía de blanquiverde. Unos iban de blanco y otros de azulgrana. Los menos, jugaban vestidos de calle. Pero ni rastro de nuestra elástica.

Eso fue la semana pasada. Llevo varios días rebuscando en Internet, pero sólo me encuentro lo que NO ocurrió. Porque yo sé que ese domingo, Abraham Paz falló el penalti. Y nadie me lo puede negar. Leo que el Cádiz C.F. ascendió la temporada siguiente, tras una campaña espectacular. Que la deuda del Club, la indiferencia de la afición, y la dejadez de las instituciones, motivaron la desaparición de nuestro Córdoba C.F., y, ahora, como el Ave Fénix, intenta resurgir de sus cenizas, gestionado por un grupo de empresarios de la ciudad. Que los jóvenes canteranos que conforman la plantilla, han aupado al equipo al liderato sin ceder ninguno de los puntos hasta ahora en juego, con lo que el ascenso a Tercera es cuestión de meses. Que se está intentando recobrar la ilusión de los aficionados, rota en mil pedazos, y recuperar para la causa a los niños, que sólo entienden de de tener ídolos en equipos grandes y no aquéllos que purgan sus vergüenzas en categorías inferiores.

Camino como un autómata, buscando cualquier atisbo de épocas pasadas. Llego a lo que fue la sede de Cordobamanía y me encuentro que ahora es una frutería. En los locales de otras peñas aledañas, hay de todo… menos cualquier rastro de cordobesismo. En los bares cercanos al antiguo Arcángel, cantera y refugio de aficionados, ninguna alusión, ninguna ilusión, ninguna pasión ni finita ni infinita. Ni rastro de eso que nos unió, y que se nos fue de repente, aquella tarde de junio de 2008. Al menos, eso es lo que cree el resto del mundo...

No le he contado a nadie esta historia. No me creerían. Pero estoy seguro que llevo razón. Y nadie me va a convencer de lo contrario. Me pongo ante el televisor cada día y, frenético, pulso la tecla del mando. Pero nada ocurre. Está inoperativa. Maldigo el día en el que intenté jugar a cambiar la historia sin conocer las reglas, el día en el que rompí en mil pedazos la ilusión de mucha gente, el día en el que, de un plumazo, dejé una ciudad monocromática, borrando de golpe los dos colores que la identificaban sobre el resto: el blanco y el verde.

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba

6 comentarios:

  1. Menos mal que se trata de un cuento. Un cuento triste y desolador que pudo hacerse realidad.

    De nuevo me quito el sombrero por el magnífico relato.

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    1. Gracias. Un cuento que viene a decir que estamos donde estamos por culpa de un trozo de madera. La línea que separa la mierda de la gloria es muy, muy estrecha.

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  2. El local de cordobamania posiblemente no existiria...pero tengo una cosa clarisima...de una manera u otra, cordobamania seguiria estando ahi,al pie del cañon...eso no lo dudeis

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    1. Estoy seguro de ello, Javi. Esa frutería sería la tapadera de un zulo cordobesista. Abrazo.

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  3. Acojonante. Es cierto que muchas veces el destino es opuesto por segundos o centímetros. Sin embargo, sólo la muerte es irreversible, todo lo demás tiene arreglo. Estoy seguro de que ese ascenso a tercera llenaría Las Tendillas y tendríamos el club en buenas manos, en manos de cordobesistas. Si se diera este caso, nosotros, los cordobesistas de a pie deberíamos coger las riendas de nuestro club. Siempre he dicho que saldría una directiva de puta madre elegida en Twitter y no creo que me equivoque. Mirad el Málaga, tuvo que resurgir y ha vivido una "casi" semifinal de Champions. Como dice Javi arriba, aquí estaremos sea donde sea.

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  4. Impresionante relato. Me emocioné hasta las lágrimas porque ese día del penal fue cuando supe que era hincha del Córdoba Club de Fútbol. Un abrazo desde Montevideo. Cristina

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