martes, 23 de julio de 2013

Sinvergüenza

El diccionario de la Real Academia Española dice del término sinvergüenza en su segunda acepción: Dicho de una persona: Que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades. Con la definición delante, el caso de López Silva no admite lugar a la duda.

Cometió actos ilegales, ya que condujo con una elevada tasa de alcohol poniendo en peligro la vida del resto de conductores y peatones y se saltó un semáforo, siendo denunciado por la Policía.

Pero lo más grave de este caso, al menos en lo que importa al Cordobesismo, es la inmoralidad del acto en sí. En ningún sitio pone que un futbolista es ejemplo para los niños. Sin embargo, todos sabemos que, en multitud de casos, se convierten en ídolos a imitar. ¿Cómo se explica a los chicos que intentan copiar sus vaselinas, que su admirado pelotero se entretenía en conducir temerariamente a las tantas de la madrugada y cercano, si no sumergido, a la ebriedad? No es la primera vez que menciona a su familia en una entrevista, pero la petición de respeto hacia los suyos en el comunicado de esta mañana resulta aterradora; el único que ha faltado al respeto a su familia ha sido usted, "sr." López Silva. 

Y no sólo a su familia sino a sus compañeros y al Cordobesismo, que esperaba de usted que estuviera descansando para incorporarse al 100% a la concentración que se iniciaba a la mañana siguiente. ¡Qué desilusión! Yo era de los que esperaba al López Silva de la primera temporada, profesional y motivado al máximo. Yo era de esos que confiaba en él. Desgraciadamente, veo que me equivocaba.

Gracias a la torpeza (sí, torpeza, porque si hubiera cogido un taxi nadie se hubiera enterado de nada) sale a la luz, otra vez, una de las deplorables costumbres de estos endiosados deportistas. Constantemente son vistos en los garitos de moda de la ciudad, no bebiendo precisamente agua con gas, hasta altas horas de madrugada. Incluso, como se ha demostrado, en días de trabajo, porque el viernes a las 6.15 a.m. ya era día de trabajo. El club puede correr un tupido velo o sancionar ejemplarmente a su empleado y, sobre todo, comunicarlo a la plantilla y al resto de la afición. Al menos no nos sentiremos engañados también con los que mandan en esta casa de locos y los futbolistas no los tomarán por el pito del sereno.