lunes, 10 de junio de 2013

Oportunismo

Eso es lo que hacen los que llenan quince autobuses para ir a ver a nuestro filial a Granada, ser unos oportunistas. Al menos así lo ven algunos.

Tengo treinta años y, hasta este, nunca he sido abonado del Córdoba. Sí, he ido alguna vez al campo, también recuerdo haber visto por la tele ese mítico partido en Cartagena y vivirlo con tanta intensidad como el más cordobesista, pero poco más. Y soy un oportunista, ya que este año me hice al fin abonado por la buena temporada que hizo el equipo el año pasado. Y no pienso irme. A pesar del año que hemos vivido ha sido una experiencia tan intensa que no pienso dejar mi asiento de preferencia alta, ese asiento será mío por siempre jamás.

Llenar quince autobuses para ir a ver a nuestro filial a Granada no es ser oportunista, es, entre otras cosas, crear afición. Amigos, mujeres, novias o hermanos que seguro que van por primera vez de viaje con el equipo (por más que sea el “B”, es nuestro equipo),  y que por lo que, seguro, van a vivir querrán quedarse, como me he quedado yo, como se quedaron muchos oportunistas tras el ascenso en Cartagena. ¿Es menos cordobesista el que se haga abonado el día que el Córdoba suba a 1ª? O dicho de otra forma, cuando el Córdoba suba a primera, ¿nos enfadaremos más porque haya más aficionados en el campo o por estar los mismos de siempre? ¿No nos quejamos siempre de que la ciudad pasa del equipo? Y es que, como ya he dicho, ¿cómo se crea afición si no es con el oportunismo?

Daniel Benavides (@Bnsleeper)

sábado, 8 de junio de 2013

A mi tocayo, Jose Mª

José Mª,

Te he visto hacer una de las cosas más impresionantes que recuerdo en el Arcángel en los últimos años. No fue tu obra de arte al Alcorcón, la que dicen, te abre las puertas para continuar en Córdoba. No fue tu golazo al Hércules, con toda su simbología, un toque sutil que era un puñetazo en la mesa, un SÍ, SE PUEDE en toda regla. No fue una de tus fintas, ni de tus roscas. Fue una persecución. Corrías detrás del balón, pero no era eso lo que perseguías. Corrías, corrías, desfallecías, cogías aliento y seguías corriendo. No conseguiste el balón, pero gracias a esas carreras el sueño que perseguías seguía siendo posible. Fue una noche de viernes, de principios de Mayo, en el Arcángel. Definitivamente, gracias a tu puñetazo al Hércules sabíamos que podíamos. Pero esa noche sufrimos como nunca. El Guadalajara nos apretaba y nosotros, con uno menos, desfallecíamos. Pero tú tenías un sueño, perseguías una ambición y echaste a correr. Casi te asfixias pero diste aire a tus compañeros y levantaste a la grada. Ganamos y un mes después estuvimos cerca de conseguir ese sueño.

Cuando uno corre, no tiene un destino. Cuando uno persigue algo, sí. Tiene una meta que puede conseguir de muchas maneras. En tu caso, correr es el camino para conseguir lo que quieres. Tú cambiaste tu ambición, dejaste de perseguir algo y por el camino, casi dejaste de correr. Fracasaste porque te diste por vencido a la primera. Tu esfuerzo no persistió, por lo que pasó a ser un derroche en vano. Faltaste al respeto a los que creían en ti para conseguir un reto. Pero sobre todo te faltaste al respeto a ti mismo. Equivocaste el camino. Dices que miras el futuro de tu familia, pero dejaste de perseguir un sueño que te habría dado dinero, satisfacción personal y también habría hecho que tu familia se sintiera orgullosa de ti. ¿Dices que como padre no llevarías a tus hijas al estadio. Pueden decir tus hijas que su padre es futbolista del Córdoba Club de Fútbol?

José Mª, yo no quiero que sigas. Me siento profundamente defraudado. Pero tienes una nueva oportunidad. Eso hoy en día es un tesoro. Puedes volver a empezar, puedes volver a luchar por conseguir un reto. No lo hagas por mí, hazlo por ti.

Jose Mª de la Paz

jueves, 6 de junio de 2013

Carta de desamor a López Garai

Te encontré en la calle. Venías de una relación donde no te tomaron muy en cuenta. Allí en el frío no te sentías muy útil. Llegaste con el calor y en mí viste la enésima oportunidad de seguir creciendo en esto del fútbol. Nos ilusionamos muy pronto. "Soy Garai y vengo a jugar el play-off", ¡ay! no sé cuanto de literatura tuvo esta frase pero, ¡qué carajo!, la literatura también mueve a las masas. Como en todos los flechazos el primer año fue maravilloso. Te dejabas el alma por mí en el verde y el éxito iba de nuestra mano. Yo presumía del sudor con el que me empapabas en tantas tardes de amor y gloria. También tuvimos nuestras riñas de enamorados. Aunque duraron poco, tengo que confesarte que no me gustó nada cuando me recordaste que no había disfrutado tanto en cuarenta años. Los buenos amantes no presumen de su valía tan a menudo...yo podría haberte achacado que no me llegué nunca al orgasmo, aunque me quedé muy cerquita en Valladolid.

No sé qué pasó a partir del verano pasado. Yo te creía contento porque, a pesar de que ya no eres un jovenzuelo, renovamos nuestro compromiso por muchos años más. Sin embargo, nada fue lo mismo. Seguías sudando, pero ya era como por obligación. La eternidad tocaba a su fin. Empezaste a ver enemigos donde no los había. ¿Quizá fueron celos? Hay mucha gente que nunca ha cumplido el sueño de vestirme en competición, pero que daría la vida por mí. No entiendo por qué te pusiste celoso de ellos y empezaste a atacarlos. Esas amapolas que como dardos les lanzaste, me hubieran hecho mucha más ilusión a mí como regalo de enamorado. Cientos de esas personas que menospreciaste se desplazarán a Granada este lunes a ver como unos niños defienden mis colores. Deberías estar orgulloso de ello y no celoso. 

Hace tiempo sé que me ibas a dejar por otra. ¿Sabes? Estoy acostumbrada. Yo no soy la más guapa, ni la más rica, ni la más popular. Pero esta vez me ha dolido especialmente. Cuántas y cuántas veces me juraste amor eterno. Tonta de mí, hubo algunos momentos en que te creí. Ahora la realidad me despierta de nuevo. Cuando el viento sopla en contra me dejas. Cambiarás mis rayas verdes por otras rojas. Mi estadio de retales por otro que fue mundialista. Mi escueto palmarés por otro mucho más lucido. ¿Quién sabe? Lo mismo esta vez consigues ese ascenso a primera que no tienes y logras jugar en la máxima categoría. Tú no habías nacido, pero yo he jugado allí ocho años. Cuando fui joven fui poderosa, aunque ahora me veas con estas pintas.

Me despido ya que no quiero que esto se convierta en un drama. No te negaré que me dolerá verte vestido con otra y intentaré taparme los oídos cuando le jures amor eterno. Pero, aún así, te deseo lo mejor como a todos los que me han portado con honor. Llégate por aquí cuando quieras, ya sabes que esta es tu casa. Suerte, "eterno".