domingo, 28 de abril de 2013

Ídolos de barro

Yo también tuve un ídolo. Fue a mitad de los ochenta cuando los extremos era extremos y el fútbol era fútbol. Yo tendría seis o siete años y me impresionaba ver a Valentín atarse la pelota al pie y jugar con la línea de banda como si fuera un precipicio, donde el que caía siempre era el defensa. Entonces no se llevaba eso de tener la camiseta con el número de tu jugador preferido, pero estoy seguro de que era mi deseo.

Un día mi abuelo me dijo que venía el Betis a jugar un amistoso. 

- ¡El Betis! ¡Toma! 

Mi abuelo decía que había que pagarlo aparte y que no estaba la cosa para dispendios. Pero yo insistí tanto que al final conseguí que me llevara. Valentín hizo de las suyas pegado a la banda izquierda como casi siempre, pero esta vez contra uno de los grandes. 

- ¡Es el mejor, abuelo! - El viejo calló y asintió con cara de pena. 

Al volver del descanso no encontraba a mi ídolo.  - ¿Por qué lo han cambiado, abuelo, si era el que mejor estaba jugando? - Volvió a callar. Mediada la segunda parte el extremo izquierda del Betis hizo una jugada calcada a las que hacía Valentín. Empecé a fijarme en él. Tenía sus mismos andares y su mismo aspecto. 

- ¡Abuelo, mira lo que se parece ese del Betis a Valentín! - No quiso seguir más tiempo con la mentira. - Es Valentín, Rafa, el Betis lo ha comprado- . Yo no entendía nada. - ¿Cómo? ¿Lo ha comprado en el descanso? -No, niño, ỵa estaba todo hecho. Acordaron que jugara una parte con cada equipo. Por eso no quería que vinieras hoy

Juro que no lloré, pero ganas no me faltaron. Fue uno de esos momentos en los que la vida te obliga a crecer, a madurar. Esta vivencia me hace entender a aquellos chicos y no tan chicos que defienden a capa y espada a sus referentes. Los ponen por encima del bien y del mal, de su intelecto, incluso de su salud. Si hace falta se parten la cara por una camiseta, incluso se esfuerzan en dedicarle un peña. Todo aquel que ose criticarlo es atacado con saña. Incluso se atreven a quitarle el carné al agresor, atrapando su sentimiento cordobesista con unas comillas malvadas.

¡Pobres diablos! No pueden darme pena, porque su sentimiento es puro. Es tan puro como el amor que yo le tenía a Valentín. Todo el que ha estado enamorado sabe que es inútil darle consejos a quien Cupido ha cazado, pero no voy a resistirme: lo único que no se irá nunca es el blanco y el verde. La camiseta es la que nunca te abandona por otra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Le agradeceríamos que revisara su ortografía antes de publicar su comentario. Los insultos serán censurados. BlanquiverdeBlog.es no hace responsable de los comentarios de sus lectores. Gracias.