miércoles, 6 de marzo de 2013

Ni cuecen ni enriquecen

El principio de una ciencia como la Economía se basa en la escasez. Esta característica marca la existencia de recursos limitados o ilimitados y de bienes económicos o libres en base a su disponibilidad, pero ¿cómo definir el tiempo? ¿bien o recurso? ¿económico o libre? De lo que no cabe duda es que su escasez es manifiesta y que se comporta como un auténtico bien (¿o recurso?) económico obligándonos a elegir asumiendo un coste de oportunidad.

Pero ¿a qué se debe esta tediosa argumentación económica sobre el tiempo en un blog que pretende hablar de fútbol? Pues sirva esta introducción como una pequeña justificación ante la imposibilidad de aparecer en esta tribuna con más asiduidad, ya que motivos laborales y familiares hacen escasear un rato de tranquilidad que dedicar a escribir.

En los momentos en que uno piensa de que hablar, que no han sido pocos a lo largo de esta temporada, te planteas qué y cómo expresar opiniones y pensamientos, pero finalmente hacía caso a un viejo proverbio árabe "si lo que vas a decir no es más bello que el silencio no lo digas".
Es cierto que he de reconocer que esta temporada he estado sufriendo (y aún sigo) el síndrome post-Valladolid; fue un palo grande, sobre todo para aquellos que ya pasamos holgadamente la treintena y vemos como las oportunidades de ver nuestro equipo en primera son cada vez más remotas.
Tras un año ilusionante me preguntaba si sería flor de un día y volveríamos al cincuentapuntismo, pero he de reconocer que algo ha cambiado; el descenso no se contempla y el ascenso no se ve como una quimera, somos más ambiciosos y por eso exigimos más. 

Pero ha habido algo que me ha movido a volver a escribir y han sido los últimos movimientos que se están produciendo en nuestro equipo. Desde verano se empezó a desmantelar los mimbres de un proyecto exitoso vendiendo a nuestros mejores activos, cosa que en cierto modo puedo entenderlo para la supervivencia del club, pero últimamente observo como se está eliminando todo rastro de aquellas personas que nos hicieron disfrutar de la mejor temporada en los últimos 40 años, y que se han ido marchando sin dar una voz más alta que otra, dando muestra de señorío, discreción y cordobesismo a partes iguales. Se están eliminando señas de identidad cordobesas y estamos asistiendo a un desembarco de lo que podríamos denominar como la sección madrileña, una especie de guardia pretoriana de hombres de confianza de Carlos González.

¿Y qué hay de malo en todo esto? Como dice el chiste de aquel que tenía la cara llena de arañazos "el gato es mío y me lo cepillo cuando quiero". Y es muy cierto, el club tiene un dueño que puede hacer lo que considere con el, gestionarlo como le plazca, llenarlo de profesionales válidos o de palmeros de feria. Lo que quiera.

Ahora, eso si, señores rectores, directores, secretarios, jugadores, tengan el rol que tengan en este bendito club, como socio maltratado por los horarios que les ha venido en gana poner, por promociones infames que hacen que mi carnet esté totalmente devaluado, por colas insufribles en los días señalaitos, por equipaciones de bebé marca la bellota a 60 eurazos y por cualquier medida más en las que tengan a bien abusar de mi vinculación sentimental hacia su empresa, permítanme que les diga que no voy a consentir que ninguna persona con cuarto y mitad de cordobesismo venga a insultar a esta afición que, como bien se encargan de restregar cada vez que pueden, lleva penando más tiempo del merecido por las cloacas del fútbol nacional español.
Cuiden más sus comunicados y, por favor, absténganse de emitir opiniones personales dignas de comentario de texto para descifrarlas (¿Riera, antiguos empleados o afición?) en los medios oficiales.

Señores, aunque no lo crean, no sólo se representan a ustedes mismos, nos representan a todos los cordobesistas, los que no pitan, los del caballo perdedor y días nublados en los que no calienta el sol, y los que responden al aplauso y la entrega de los jugadores cuando las gradas se vacían.

Con el viento a favor todo les ha ido muy bien, pero es a las duras donde se conocen a las personas. Ojalá tengan suerte y suban al equipo a primera porque les prometo que este año perdono el "jogo bonito" por el penalti en el último minuto. Pero de momento y muy a mi pesar, al contrario que la marca de caldos, su apuesta ni cuece, ni enriquece.


3 comentarios:

  1. Jose, yo estoy como tú, sufriendo el síndrome post-Valladolid

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  2. Síndrome post-Valladolid. Buen concepto después de tenerlo tan cerca, se nos escapo entre los dedos de nuestras manos. Yo lo que llevo peor, es cada vez que ahoran ponen la coletilla de "los 40 años".

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  3. Se puede decir más alto, pero no más claro. ¡Bravo, Jose

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