jueves, 3 de enero de 2013

Una luz de esperanza en el infierno

Nuestros mayores siempre nos avisan de que las cosas buenas solo se valoran en su justa medida cuando se pierden. Desgraciadamente, mi compañera y yo nos hemos visto obligados a cambiar aguinaldos por protocolos de enfermería, uvas de nochevieja por aerosoles de adrenalina, chistes en familia por partes médicos y lujosas cenas por comidas de hospital. La zozobra se multiplica por mil cuando la enferma es tu hija de apenas un mes de edad.

Quien se ha visto en un trance similar sabe que la impotencia sustituye en muchos casos a la esperanza. Al igual que cada maestrillo tiene su librillo, cada doctoricillo tiene su diagnostiquillo. Permítanme explicar el casero juego de palabras. En estas fechas tan señaladas, cada día venían profesionales diferentes a visitar a la niña. Uno te decía que en unos días estabas fuera...pero el siguiente te decía que nos quedaba mínimo un mes. Imaginen.

Hoy Lucía se había levantado mucho mejor. Desde que le contamos que iban a ir a visitarla los jugadores de su equipo, todo fueron risas en su pequeña carita. Empezó a respirar mucho mejor y la bronquiolitis puñetera, que le tenía una semana en Reina Sofía, parecía menguar por minutos. Justo después de que los chicos le hicieran unos bonitos regalos y se fotografiaran con ella, los pediatras decidieron darle el alta para que termine de sanar en casa. Casualidad, seguro, pero Lucía ya no tiene excusa para amar la blanquiverde como la que más.

Ojalá el Córdoba jamás decida suprimir esta iniciativa tan bondadosa que llena de felicidad a aquellos chiquitos que están pasando unos trances tan duros en las peores fechas. Decenas de críos hospitalizados han pasado una preciosa mañana en aquel infierno gracias a nuestro equipo. Por eso Bill Shankly dijo que el fútbol no era una cuestión de vida o muerte, sino algo mucho más importante. El brillo en los ojos de los más pequeños así me lo ha demostrado hoy.

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