martes, 27 de noviembre de 2012

A los valientes que me representarán en Anoeta

Conozco perfectamente todas las sensaciones. 48 horas antes de montarte en el bus ya no existe otro tema con el que el cerebro pueda entretenerse. En la mochila guardas dos bocadillos más de los necesarios para la supervivencia, pero aun te sobrará alguno más porque siempre se pica de las viandas típicas de los infinitos y carísimos bares de carretera por los que se pasa. No falta el familiar, femenino por supuesto, que te recuerda que allí hace mucho frío, que te abrigues, que llames, que no te metas en líos que tú te lo tomas todo a pecho y que no se te olvide traerte la victoria de vuelta.

La noche de antes ya no duermes y te consuelas pensando que ya dormirás en el camino. Craso error. La adrenalina y los asientos infernales te lo impiden. No es necesario llevar calzoncillos si uno no quiere, pero desde que te montas en el autobús es una obligación vestir el uniforme de hincha: camiseta y bufanda. Te toque el compañero que te toque se inicia la retahíla de recuerdos, casi siempre bañados en lágrimas, sean de dicha o hiel. Luego se pasa al juego de "Los 50 entrenadores", en el que cada uno comunica a los demás la alineación que él sacaría, comenzando un entretenido debate que puede durar horas.

Cuando se vislumbra la ciudad de destino el cansancio acumulado se esfuma. Inevitablemente se inician los cánticos como si ya estuviéramos en la grada, el himno suena tanto que se oye desde fuera y los paseantes miran el autobús con una mezcla entre extrañeza y admiración. Al pisar territorio enemigo, es de necesario cumplimiento echarse una foto con el grupo, con todas las bufandas en alto. Yo estuve allí, que nunca nadie lo olvide.

Cuando el torno gira y entras al estadio, te invade una tremenda responsabilidad. Eres muy consciente del papel que juegas en la lucha y que todos y cada uno de los compañeros tienen los mismos sueños y también los mismos miedos que tú. Eres conocedor de la gran suerte que tienes de poder vivir en directo ese partido histórico, que puede decidir el destino del equipo de tu vida, de tu sangre. Sabes que tienes que dejarte la garganta, toda tu energía y exhalar el penúltimo aliento para empujar a los que visten los mismos colores que te corren por las venas.

Diferentes responsabilidades ineludibles me impiden estar con mi equipo en las gradas de Anoeta. Estoy seguro de que los valientes que se disponen en estos momentos a cruzarse España de sur a norte estarán a la altura. Que sepan que los envidio con toda mi alma, pero que la envidia que sentiré mañana a las 21.30 será mil veces mayor. Vuestro sacrificio merecerá la pena, pase lo que pase, pues no hay mejor inversión que los recuerdos. Disfrutad y hacedle sitio a la gloria en el bus de vuelta.


2 comentarios:

  1. Muy bonito Rafa. Que ganas de volver a vivirlo. Al final esto es lo que queda de esta locura llamada fútb los sentimientos.

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  2. Increible. Es algo tan real, tan sentido, y el lamento de no poder estar ayí pero sí en alma y ahí donde vea el partido, dejaré mi garganta como si de la grada se tratase. Estamos a un paso de ser más grandes aún.
    Nada está perdido y debemos luchar.
    Ánimo Córdoba CF. Por todos quienes te seguimos.

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