miércoles, 13 de junio de 2012

300


El tiempo es el juez de la Historia, es el que nos hace grandes o nos relega al olvido, nos encumbra o nos ignora, pero somos las personas las que con nuestros actos exigimos ser eternos. Nuestra anónima existencia no nos permitirá ser recordados como artistas de renombre, grandes científicos, estadistas reputados o salvadores de crisis inventadas, pero si nos permitirá vivir siempre en la memoria de los nuestros, de los que nos quieren y de los que nos acompañan. Permítanme adjudicarme mi parte de gloria junto a los 300 valientes que acompañaron a nuestro Córdoba al encuentro de Valladolid, gloria compartida por unos corazones que gritaron y sintieron como uno y que no caerá en el olvido mientras quede alguno de los que allí estuvimos o de los que se lo contemos. 
 
Sin duda ni el encuentro del domingo fue el último ni será el único en que nos juguemos algo, pero si fue especial porque por primera vez en 40 años estábamos buscando la gloria y no evitar la deshonra. Mi trayectoria como cordobesista me ha hecho vivir partidos como este en lugares parecidos, estos fueron vividos desde la esperanza, la inexperiencia y bisoñez que da la juventud, pero en este caso, peinando ya algunas canas, me sorprendió la forma en que lo vivido me llegó al alma.


El encuentro comenzó a vivirse como las grandes citas, dos horas antes cordobesistas y pucelanos descorchabamos una Eurocopa que hasta ese momento había carecido de protagonismo. Minutos más tarde todos los que combinabamos el blanco con el verde empezamos a desfilar camino del estadio para recibir a los nuestros, en ese preciso instante me di cuenta que iba a ser un día especial, no sabía si bueno o malo, pero sin duda distinto. Ya en el interior del coliseo pucelano nuestra grada comenzó a cantar, con más motivo aún cuando comenzado el encuentro eran los nuestros los que dominaban y merecían una suerte mejor. Los locales la tomaron con el árbitro, síntoma inequívoco de que las cosas no les rodaban bien ya que el trencilla era malo para ambos. 

Tras el descanso cambió todo, una historia que ya saben y que no es necesario volver a contar, pero lo que realmente hizo grande ese día fue lo ocurrido en la grada. Frente a una hinchada local que rugía sólo artificialmente cuando la técnica lo pedía, 300 cordobesistas no decaían a pesar de los golpes. El “sí se puede” era el grito de guerra tras encajar los golpes; frente a la mofa vallisoletana para nosotros era un mantra que repetir con el que no ya convencernos ni convencer a nuestros jugadores, era la transmisión de la confianza en una forma de hacer las cosas, era el agradecimiento por caer de la manera más digna, siendo fiel a unos principios y con la cabeza alta. El tercero fue un castigo duro para la mayoría de los que estábamos en el último reducto del sol castellano, muchos cayeron, otros callaron, algunos bajaron los brazos, pero entonces se obró el milagro. 

Cuando todo estaba perdido, cuando el enemigo daba el golpe de gracia surgió el orgullo, la casta y el honor. Tengo el recuerdo de como algunos empezaron a gritar “ahora más que nunca te quiero Córdoba”, animaban al vecino, a otros los levantaban de las sillas, otros con los ojos a punto de desbordarse crecían como gigantes. Ese momento fue grandioso, me sentí como un soldado de los Tercios de Flandes ante una muerte segura, como un miliciano que antes de ser ajusticiado grita libertad, me sentí como uno de los 300 espartanos en la batalla de las Termópilas. Ante la facilidad de bajar la cabeza y pedir clemencia, los 300 miramos a la derrota a los ojos como Leónidas miró a la muerte y le dedicamos una sonrisa. Orgullosos levantamos nuestra cabeza, nuestras bufandas y nuestra voz y cantamos más fuerte de lo que nunca lo hicimos, y lloramos más de lo que nunca imaginamos. Nadie decaía porque mirabas a tu alrededor y veías a un hermano que sentía lo mismo que tú y que luchaba por lo mismo que tu querías.

Fueron minutos inolvidables en los que el vello se erizaba y en los que te das cuenta como el fútbol no es sólo fútbol, lo importante que es querer algo y sentirlo, defender una filosofía, unas ideas; entiendes como las personas se crecen ante las adversidades y luchan, y lo importante que es el cómo y no sólo el fin. Ni en las Termopilas ni en Valladolid fuimos 300, físicamente contamos algunos más, pero lo realmente importante fue que los que allí estuvimos luchamos por muchos más, por muchos que no han estado, por muchos que ya no estarán, por tantos que ya ni recuerdan y por otros recién llegados y por los que están por llegar. Por todos ellos cantamos y lloramos, porque sea el principio de algo grande y que todos podamos vivirlo juntos. Espero un día no muy lejano poder contar la historia de los 300 de Valladolid a alguien muy especial y que se sienta orgulloso de que yo estuve allí y pensé en él, y espero que él haga lo mismo que yo he hecho pero peleando por un título en primera división, y que si en algún momento le toca perder espero que piense en este día y haga como yo, porque si hay que perder prefiero hacerlo cantando.

Jose R. Galván

7 comentarios:

  1. Yo estuve allí, y lo recordare siempre con orgullo. Estuve con mi hermano, porque ya no podia estar con mi padre por desgracia. Con el que habia ido años antes a Pontevedra a vivir otro sueño. Forje el otro dia aun mas si cabe mi sentimiento por este equipo. Y gritare siempre con orgullo: "YO ESTUVE ALLI"

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  2. Excelente!! Me quito el sombrero!! Si señor...me siento muy identificado por que yo fui uno de esos 300 valientes que sin pena ni gloria estuvo allí animando como el que mas...
    @NotarioSamuel

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  3. Aunque yo no estuve allí, me sentí representado por los que allí estuvieron y sus cánticos y sus lagrimas. Honor y agradecimiento.

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  4. Potito, potito, Jose. Se ve que el trato con Yago te ha hecho ser más épico de lo que seguro eras. Y es que bregar con locos bajitos agudiza el ingenio. Eso, o te comen. Un abrazo, crack.

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  5. Me gusta que os esté llegando. Es una fiel crónica de los que se vivió en Zorrilla. Y si Paco, Yago te hace ser más épico, como un espartano porque si no a veces no hay quien pueda con el

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  6. Grande! Galvani!! en la proxima batalla hay estaremos... 300, 30 o 3! y estoy seguro que nos llegara nuestro momento de gloria!! a pesar de que este año pense que era el nuestro! Volveremos... volveremos.. volveremos otra vez.. volveremos a ser grandes!!! volveremos a ascender!!! Forza Cordobaaaa!!!

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