martes, 10 de abril de 2012

Historias en blanco, verde y sepia: Daniel Onega

Cuando el 15 de Junio de 1.973, Rafael Campanero se desplazó a Argentina, los rumores y la ilusión de la afición se desbordaron ante lo que, según se decía, podía ser un fichaje de categoría. Quince días después, y tras desembolsar unos diez millones de pesetas de la época -60.000 euros-, regresó, trayéndose consigo a dos grandes jugadores: Jorge Dominichi –un defensa de gran nivel aunque muy amigo de las espinilleras rivales-, y Daniel Onega, para mí, sin duda, y con diferencia, el jugador con más clase que ha vestido la zamarra blanquiverde.

Nacido en Santa Fe, en 1945, y apodado “el fantasma”, este internacional argentino comenzó jugando en River Plate de delantero, y, al día de hoy, sigue siendo el máximo goleador en una Copa Libertadores. Poco a poco retrasó su posición hasta convertirse en organizador.

El revuelo generado en la ciudad fue tal que, a su llegada, más de mil aficionados abarrotaban la antigua Estación de Ferrocarriles, para recibir a los nuevos fichajes.

Titular desde el primer día, se convirtió en el epicentro del equipo, dando, partido a partido, clases magistrales de toque y pases al hueco. Los extremos blanquiverdes de entonces, el cordobés Martínez (q.e.p.d.), y el canario Rivero, fueron los grandes beneficiados por la pierna derecha del crack, y, como ariete, un “toquero” como Burguete, se hartó de meter goles llegando incluso a ser el pichichi de la categoría.

Debutó en partido oficial el 2 de septiembre de 1.973, con victoria por 2-0 ante el Deportivo de la Coruña, marcando uno de los goles. Esta fue la alineación: Molina; Varo, Dominichi, Aguilera; Alarcón, Tejada; Manolín Cuesta, Escalante, Onega, Garrido y Martínez. El entrenador era el yugoslavo Raykov.

Curioso fue también un encuentro en el Torneo triangular Ciudad de Córdoba, ante su eterno rival, el Boca Juniors. Fue el jueves 28 de agosto de 1975, cuando con un Arcángel a rebosar, se enfrentaron ambos equipos en pos de un Trofeo que se entregaría a los argentinos Boca en caso de ganar o empatar. A los 20 minutos Boca ya perdía por dos goles, y, aunque recortaron, sufrieron una segunda parte excepcional de Daniel Onega, redondeando una victoria final 4-1, que incluso se quedó corta.

Existía por aquel entonces en la ciudad una leyenda urbana: se comentaba que Daniel Onega, para fichar por el CCF, había “mentido” respecto a su edad, y que, realmente, tenía cuatro o cinco años más que los que decía tener. Al cordobesismo, ese asunto, que no era cierto, le traía al pairo, básicamente porque el jugador suplía las carencias de su físico –se decía igualmente que se cuidaba poco-, con esa exquisita simpleza de saber estar en el sitio exacto en el momento oportuno.

También se decía que su vida en Córdoba no era ni mucho menos modélica, y que era un asiduo de los locales nocturnos de la ciudad. Había quién, con mala uva, comentaba que, en función de lo enrojecida que tuviera la cara a los pocos minutos de comenzar los partidos, la noche había sido más o menos movidita. Lo cierto es que esa sensación de sufrimiento continuo, similar a la de un ciclista en el Tourmalet, era una constante en su juego.

Recuerdo que en un partido fuera de casa, un periodista comentó que si se hubiera pintado de blanco las suelas de los zapatos, al finalizar el encuentro, las huellas dejadas sólo estarían en una zona concreta, como si ampliáramos el círculo central unos cuantos metros más. Se movía poco, pero no le hacía falta.

Gran lanzador de faltas al borde del área, para las que los aficionados le regalábamos, primero un silencio sepulcral, y luego un grito apagado de: “O-NE-GA”, los contrarios conocían sus fáciles calentones y le provocaban, esperando, y muchas veces consiguiendo, que el argentino enfilara cabizbajo el camino de vestuarios.

Ya en Argentina había tenido problemas de todo tipo, debido a su temperamento: En 1.968, en el Estadio del River Plate, una señorita le increpó: “Juega un poco más, Che, Daniel”. A estas palabras el interpelado contestó con un término soez y a continuación aplicó a la dama un puñetazo en un ojo. De inmediato, Onega se dio a la fuga, viéndose envuelto en un procedimiento por tal incalificable acto.

Lo recuerdo, incluso, jugando de portero en el Pizjuán, cuando expulsaron a Molina y ya se habían agotado las sustituciones.

Para un mozalbete de quince años como yo, en aquella Córdoba de mediados de los setenta, Daniel Onega equivalía –sin histerias, eso sí-, al Justin Bieber de ahora. Idolatrado por todo el cordobesismo, sintió morriña de su tierra y a ella regresó en 1.977. Desde entonces, el Arcángel quedó huérfano de fútbol, con mayúsculas. Treinta y cinco años después sigo sin ver algo parecido vestido de blanquiverde. 

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba

12 comentarios:

  1. Espero que "Historias en blanco, verde y sepia" se convierta en una saga, para que los cordobesistas que aun no peinan canas (o pocas), conozcan para de la historia que por edad no pudieron vivir.

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  2. Intentaré con la periodicidad que me permita el tiempo, insertar historias como ésta, para que los jóvenes conozcan lo que no vivieron y los menos jóvenes hagan ejercicio de memoria.

    Se admiten sugerencias. Entre mis recuerdos, mi hemeroteca y los recovecos de internet, haré lo que pueda.

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  3. Todo un mito,según vemos,para el cordobesismo.Un genio dentro y fuera del campo,con las típicas particularidades de los genios,que hizo disfrutar con su talento natural para el fúbol.Y el último héroe de un gran Córdoba CF en Segunda.

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  4. Se agradecen este tipo de historias, lo que somos aficionados jóvenes ni siquiera hemos oído hablar de aquello héroes que anduvieron en Primera hace 40 años

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  5. Como en todo, es bueno conocer la historia, si no estamos condenados a repetirla...

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  6. Yo que tengo 27 años, agradezco enormemente estos artículos. Conocer la historia mas lejana de mi equipo, solo incrementa mi admiración y pasión por el. Gracias por esto.

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  7. Ya estoy esperando la siguiente entrada de este tipo. Caviar!

    He oído hablar de Onega pero casi más de su aspecto "lúdico". El mito de que noche movidita más ducha igual a partidazo.
    Nuestro Mágico González!

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  8. Te admito comparar a Onega con Mágico González de la misma manera que te podría admitir considerar pulpo como animal de compañía. La diferencia ostensible entre ambos estriba en que, mientras Mágico -pedazo de jugador-, dejaba unas pinceladas en cada partido, Daniel Onega no paraba de sorprendernos cada vez que tocaba el balón.

    Similitudes entre ambos: Vidas presuntamente licenciosas, amantes de dormir mucho y correr lo justo, presionar menos de lo justo, dominio de los efectos en los disparos a puerta, etc.

    Ahora, aunque Mágico para los gaditanos sea un dios, Daniel es, ha sido y será una gran figura en el fútbol argentino, nada comparable con el salvadoreño.

    Si Onega triunfó en River llegando a ser internacional albiceleste en casi cuarenta ocasiones, y Mágico en el Cádiz, para compararlos deberíamos haber visto al segundo jugar en un grande, y nunca lo hizo.

    En cualquier caso, estoy contigo: Dos cracks con dos aficiones a sus pies.

    Saludos, Jose, y te prometo que en cuanto tenga un hueco monto alguna otra entrada de este tipo. Intentaré que sea de situaciones más recientes y así refrescaré la memoria de los más jóvenes.

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  9. Un par de puntualizaciones, el dia que Onega acabó de portero fue contra el Castellón en el ultimo partido de la 75/76, y cuando debutó en el Córdoba el entrenador no era Zdravko Rajkov(qepd) estamos hablando de 1973, creo que era Garcia Verdugo.

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  10. Yo he visto jugar de accidental portero a Onega y creo que fue en Sevilla, aunque no dudo que [también] fuera en Castellón. En cuanto al entrenador, reconozco que no recordaba quién era y me basé en una información de una web. Si llevas razón, gracias por la acotación y disculpas por la información. Te invito a seguir comentando en esta tu casa.

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    1. El partido del Castellón fue en el Arcangel ganaba el Córdoba 2-1 y echaron a Rivero y a Molina, Onega acabó de portero y el partido 2-4.

      Puede que también acabara de portero algún partido contra el sevilla. Un placer leer el articulo sobre onega.

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    2. Gracias. Seguiré intentando refrescar memoria, a cambio de que tú sigas indicándome gazapos.

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