lunes, 12 de marzo de 2012

Las cuentas del Gran Capitán

La excelencia con la que trabajaba la estrategia, le dieron a Gonzalo Fernández de Córdoba, el título honorífico de Gran Capitán. El cordobés fue el principal valedor en la ampliación del reino de España, consiguiendo grandes victorias en Italia y en Francia, siendo coronado como Virrey de Nápoles, dentro de un imperio donde nunca se ponía el sol. 

Otro cordobés, de nombre Gaspar, se ha ganado a pulso compartir tan bello título con aquel militar, consiguiendo que nuestra zaga sea casi inexpugnable, haciendo que luzca el arte del fuera de juego, convirtiendo en Beckenbauer al compañero que lo acompaña, haciendo de nuestra defensa el mejor ataque, y llevándonos, en definitiva, a la victoria. 

Se acercaba el descanso cuando el sol se puso. Nuestro capitán cayó, y lo hizo solo, como llegan las heridas mortales en esto del fútbol. Los 8.000 de siempre nos echamos las manos a la cabeza con él, especialmente los que vivimos insitu aquella aciaga tarde sevillana, donde su rodilla saltó en pedazos. Todos sabíamos que sin Gaspar, el reto volvía a convertirse en sueño. El estadio se quedó mudo y sus compañeros groguis. 

A la vuelta de la tregua, su par se encargó de darnos la razón y nos metió en una encerrona. Pero este equipo tiene algo. Se levantó a una expulsión, al empate y al fallo de un penalti, para dedicarle la victoria a su guía, a su caudillo. La victoria no supo a tal. Los cordobesistas enfilaban el Arenal preguntándose unos a otros, ¿qué vamos a hacer sin Gaspar? 

Personalmente, volvía a casa cabizbajo, derrotado, más vivo que muerto, eso sí, gracias a la demostración de casta del equipo. Mis amigos Paco López-Cordón, Toni Cruz y Fran Habas, empezaron a poner algo de luz a la tarde, cuando me informaban de que la rodilla de nuestro capitán había aguantado y solo se había torcido ligeramente. Todo empezó, entonces, a tomar color. Ya me interesaba que estábamos cuartos, empatados con el tercero. Empezó a cuadrarme que Ximo podría sustituir al capitán, durante el mes de baja, y que Charles nos compensará la posible bajada en defensa con una mejora en ataque. El comunicado médico confirmando que todo había sido un "susto", hizo que el cordobesismo empezara a disfrutar de la noche.

Cuando Fernando el Católico le pidió cuentas de los gastos que la guerra de Italia le estaba ocasionando, Don Gonzalo lo mandó al carajo con una frase que quedará para la historia. El cordobesismo empieza a echar cuentas para la vuelta del caído, sabedor de que de ella dependen las posibilidades de que haya un encuentro entre el Gran Capitán militar y el futbolista, allá por junio, en lo más alto de la plaza de las Tendillas.

2 comentarios:

  1. Mi amigo Rafa Japón es como el Libro Gordo de Petete, y está empeñado en que aprendamos historia a través del fútbol. Magnífica intención de nuestro docente futbolero, ávido lector de textos históricos.

    Sólo una acotación al artículo: he cerrado los ojos y he pensado en Tena o David Prieto "disfrazados" de Beckenbauer, y, he tenido que abrirlos a la carrera ante la posibilidad de que mi "sistema" se bloqueara y tener que formatearlo.

    Es cierto que Gaspar hace bueno al compañero... pero no exageres, amigo Rafa...

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