sábado, 11 de febrero de 2012

Toi fumao


Salí de casa con tiempo de llegar al Arcángel sin agobios y charlar con el personal un ratito. A la vuelta de la esquina alguien me gritó:
- ¡Paco, tíoooo! ¿Cómo te va, mushashooo?.
- ¡Coño! ¡Piltrafa! ¿Qué haces fuera del trullo? ¿Te han dao la condicional?
- Sí, ¿Cómo lo ves? ¡Peaso de abogao que tengo, tú! ¿Hase un pitillito?
- ¡Vamos a echarlo, Piltrafa, que tengo tiempo!

No sé si fue el solecito de la tarde, o la incansable charla del Piltrafa, pero a los cinco minutos de palique y una vez tiré al suelo la colilla, empecé a sentirme extraño. Al despedirme de mi amigo, comprobé que estaba algo mareado, y, sin esperarlo, apareció ante mí un tranvía en cuya cabecera se leía: "Campo de Fútbol"

Yo flipaba, pero, estando como estaba, subí, pregunté donde pagaba y un viajero me indicó:
- Es gratis, macho.

Yo me notaba raro, como levitando, pero me encogí de hombros y me dejé llevar. Llegué en un plisplas. El tranvía paró junto a una de las puertas de Tribuna, en la cuidada zona ajardinada que circunda el Estadio, junto al vigilado aparcamiento subterráneo con diferentes rampas de acceso en el que, con tranquilidad, entraban los vehículos.

Accedí a mi localidad en el instante en que saltaban los equipos al terreno de juego. El Valladolid de negro, con una estrecha franja blanca bastante fashion. El Córdoba, estrenando sponsor, con la blanquiverde. Y empezó el partido. Yo no me encontraba del todo bien, aunque a ratos, el frío de la tarde incluso me sentaba bien. Pero no, aquello no era normal. Nuestro equipo llegaba arriba y en cinco minutos ya habíamos tenido tres. Aquí pasaba algo. Jugábamos como nunca. Nos los estábamos comiendo con patatas.

El Valladolid no sabía qué hacer. Muchos nombres y poco juego. El mejor equipo de la categoría no sabía como frenarnos. Con Hervás casi de segundo punta y Caballero llevando la manija, el peligro se barruntaba en cada ataque. Patiño se peleaba con dos torres, y, casi siempre, salía victorioso. ¡Este no es Pati, que me lo han cambiao!

El uno a cero, con jugadón de los nuestros y cante del portero pucelano, hacía justicia. Descanso.

- "Me estoy meando desde que era chico", le dije a mi compi de asiento, mientras salía rápido buscando una micción sin colas, lo cual, en el servicio de caballeros es materialmente imposible, claro. Llegué a los higiénicos aseos y comprobé la suave fragancia a rosas que despedían. "¡Se podría comer en el suelo!", pensé mientras un uniformado empleado del Club pasaba presuroso la mopa dándole al gres porcelánico un brillo sublime.

Al dirigirme a mi localidad, comprobé como varios aficionados utilizaban sus móviles o tabletas, para navegar por Internet, aprovechando la Zona WI-FI Free con 300 megas de velocidad.

Al sentarme, comprobé que la calefacción de mi asiento estaba demasiado fuerte y la bajé un poco. Me senté en el mullido asiento de cuero, la agradable y tenue música ambiental de Kenny G. dejó de sonar en los altavoces, y el segundo tiempo dio comienzo.

Nada cambiaba. El Valladolid no se acercaba apenas y nosotros jugábamos el balón rompiendo la estadística de la posesión. En los videomarcadores se veían las jugadas repetidas una y otra vez, en 3D, aunque lo de ponerse y quitarse las gafas especiales era un poco coñazo.

Foto: @luisalguacil (cordobadeporte.com)
Dos a cero, con golazo de Borja, y, de ahí al final del partido, tocándola como los ángeles, con el público, jugadores e incluso entrenador haciendo la ola, pitido final, y pa casa.

El tranvía esperaba en la puerta y, de nuevo, en un periquete, llego a mi destino. La nube en la que me encontraba no se me ha disipado. Sigo estando raro. No sé lo que me ha pasado. Voy a acostarme sin cenar. Me tomo un Ibuprofeno y me meto en el sobre. Hoy me han ocurrido muchas cosas. Mañana estaré mejor y, entonces, será tiempo de pensar donde acaba lo real y empieza la ilusión. Espero que el partido que he visto no sea un espejismo. Todo lo demás, me da igual. Me ducho, a ver si me quito de encima ese olorcillo raro que me ha dejado el pitillo del Piltrafa. Apago la luz y tarareo bajito el himno del Córdoba. Toi felí, me digo a mi mismo mientras cierro los ojos. Mientras mi mente le da vueltas a la moviola del partido entro en fase rem. Dulces sueños.

3 comentarios:

  1. Joder, Paco, qué buena. Una foto tuya fumando un canuto sería TT en Twitter.

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  2. Todo llegará, no lo dudes. Hoy no me ha hecho falta ningún canuto para salir fumao del Estadio. A esta hora, aún pienso que este partido no ha ocurrido en la realidad, sólo en la Play...

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