miércoles, 11 de enero de 2012

Maldito 88

Otra vez fue el 88 el minuto fatídico para el Córdoba en octavos de Copa, si bien hoy no hubo un Sesmazo o sucedáneo, sino un pase sensacional de un magnífico pelotero como Verdú y una definición perfecta de Álvaro, que completaba así su hattrick y guillotinaba a los nuestros.

Sin embargo, donde el Córdoba perdió la eliminatoria fue en la primera parte, en la cual los blanquiverdes no se encontraron en ninguna de las líneas y encajaron tres goles que bien pudieron ser el doble. Es inútil personalizar el caos, porque solo Arias parecía mantenernos a flote. Una defensa totalmente rota, donde Prieto estuvo a punto de ver la roja y un Cerra que cada día es más sospechoso en este equipo, veía como Álvaro, Weiss y Sergio García, campaban a sus anchas y goleaban una y otra vez. Un medio del campo espectador de las rápidas transiciones de los pericos, que ni metía la pierna ni la pedía las pocas veces que la zaga recupera la pelota. Pero un cambio de timón de los que solo ocurren en Copa dio aire al Córdoba. Después de la entrada de Vico, Alberto Aguilar cabeceó a la red el injusto 3-1 en el minuto 40 y el descanso era celebrado por la parroquia blanquiverde como un milagro.

Paco recompuso las líneas a la perfección y se la jugó metiendo a Borja de carrilero derecho, a sabiendas que era mejor eso que jugar con 10. Antes de que pudiera verse una mejora, Pepe Díaz cazaba un mal rechace de Edgar a centro chut de Vico. Después de andar por el alambre, el Córdoba mandaba. El Espanyol acusó el mazazo, quizás recordando que la eliminatoria debió quedar sentenciada en la primera parte. Durante media hora, el Córdoba tuvo el pase en el bolsillo y se hubiera llevado el gato al agua de tener unos delanteros acorde al nivel del resto. Díaz y Patiño tuvieron en sus botas el empate que hubiera sido decisivo, visto que la energía de los pericos decaía exponencialmente. Aun así, la segunda parte de los blanquiverdes quedará en el recuerdo de la afición. Hervás, por fin, cogió el mando del partido y asistía una y otra vez, la defensa no pasaba apuros y las bandas volvieron a ser vanguardia. Solo vimos a Arias en los cinco minutos finales, los del arreón decisivo del Espanyol. En la primera acción, el boliviano salvó con una mano excepcional un tiro a bocajarro que Cornellá ya celebraba, y en la segunda, un mal saque suyo y quizás una salida a destiempo, ayudaron a Álvaro a clasificar a los blanquiazules. 

A pesar de la derrota, la Copa nos regaló otra noche inolvidable y el equipo volvió a demostrar que no se rinde nunca y que nada es imposible este año. No solo no se conformó con noquear a un primera, sino que mandó a otro a la lona, que se levantó en el último suspiro para lanzar un croché que resultó definitivo. Todo ello con bajas sensibles y con cansancio acumulado, pero con una fe en su propio estilo que pone la motivación a la altura de los campeones. Nunca una derrota tan dura tiene tantos matices para hincharse de orgullo. El cordobesista lo sabe y sabrá agradecerlo de aquí a junio, donde es posible que el uppercut mortal lo demos nosotros.

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