miércoles, 4 de enero de 2012

Chaval, hoy tranquilo, que te pones muy nervioso

En cada partido de Copa que jugamos en nuestro reino, un vecino anónimo de grada siempre me repite: “Chaval, hoy tranquilo, que te pones muy nervioso”. Lo hace sintomáticamente al verme, todas y cada una de las veces que disputamos el torneo del ko como local, pero jamás se dirige a mí en liga.

Trataré de seguir el consejo de este compañero de movidas, pero tendré que buscar algo que me distraiga del fulgor de la batalla desde los prolegónemos. Es posible que me ayude ponerme la blanquiverde desde por la mañana temprano como en los grandes días. Echar un vistazo a la prensa y las redes sociales para ver como se levanta el resto de la tropa. Mirar el reloj una y mil veces. Repasar la letra de Queco como si hiciera falta. Contestar por la calle un par de veces "Sí, a las ocho contra el Espanyol". Acercarme a la tienda del centro para ver como la cola llega a la iglesia. Subir a charlar un rato con Toni Cruz. Tranquilizar a mi madre recordándole que ya eliminamos a otro primera. Explicar por enésima vez a mi padre que los goles en campo contrario valen más en Copa. Echarme una siesta para que pase el tiempo. Coger la bufanda. Hacerme un bocadillo de lomo que no sé si tendré gana de comer. Darle un beso a mi hijo de ocho meses y explicarle que pronto podrá acompañarme al fútbol, y otro a mi mujer como respuesta a su "¡Suerte!". Partir hacia el Arcángel una hora antes, caminando despacio. Escuchar los comentarios que, mientras me adelanta, hace la gente sobre el partido y metiéndome en alguno aunque no me llamen. Levantar la cinta de la Policía para pasar por debajo y rezar para no meter el pie en ningún agujero del Arenal. Alegrarme por ver la taquilla a rebosar. Seguir hasta la puerta del fondo sur porque la del norte está abarrotada. Indignarme porque me registran en mi propia casa y además mal, porque cuelo la lata de refresco. Coger un par de periódicos si es que quedan. Subir tanteando esas diabólicas escaleras tan desiguales. Empaparme del rumor del pasillo tras la grada. Enfilar mi vomitorio y pararme diez segundos para ver cómo está el estadio. Excitarme porque lo veo rozando el lleno, como casi nunca. Saludar a mis padres y a mi hermana chica que ya han llegado. Subir hasta el palomar de la preferencia donde tengo mi asiento. Saludar a mis compañeros de sector y a mi hermana mayor que siempre llega al filo del pitido inicial. Levantar la bufanda y cantar el himno con la voz bañada en emoción. Aplaudir a los míos cuando corren hacia preferencia después de hacerse la foto. Agradecerle a mi abuelo que me hiciera cordobesista. Escuchar a mi vecino decir “Chaval, hoy tranquilo, que te pones muy nervioso”.

No sé si podré hacerle caso, ¡qué demonios!, no quiero. La Copa es fútbol y el fútbol son sensaciones. Ya me tranquilizaré en casa con un Glenfiddich y tres piedras de hielo, mientras leo la crónica de mi amigo Fran Habas y busco el resumen en internet. Pase lo que pase, tiene pinta de que mañana será un gran día, de esos que rellenan la estantería de los recuerdos. ¡Viva la Copa!

5 comentarios:

  1. He aquí uno que te entiende,la única diferencia es que yo canalizo mis nervios si llegando con antelación a la grada.No puedo llegar quedando 5 minutos,es supetior a mí.Necesito entrar mínimo 30 minutos antes y ver a mi equipo calentar,como está el cesped,ver si el portero rival tiene "maneras",pitar las carreritas del árbitro y estar mas que listo para alzar bufanda y cantar el himno.VAAAMOS!

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  2. Los pelos de punta Rafa, me ha llenao, buenísimo ;) !!!

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  3. Al igual que muchos estoy super ilusionado, pero está ilusión hace pensar que la ilusión no es victoria y que el equipo tiene que estar pendiende de esto para no dejarse llevar.

    Que pena que trabaje, aunque intentare seguirlo a escondidas en el curro.

    Animar por mi, que yo lo haré desde mi puesto.

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  4. Te fotocopio casi todo lo que comentas, aunque yo soy muy poco amigo de atiborrarme de prolegómenos. A lo que comentas le puedo sumar que me antes iré a ver la Cabalgata con mi hija ¡cualquiera se la pierde!., que llegaré al Estadio con la total certeza que el altavoz que tengo a menos de cinco metros, un día hará que estallen mis tímpanos... o mis coj**** y le cortaré el cable.

    También que encenderé mi Don Julián número 3 -ahora que todavía me dejan-, cuando quede un cuarto de hora para el inicio, cuando ya la caldera esté a punto de comenzar a hervir.

    Y, como me conoces y sabes que siempre empiezo los partidos en plan escéptico, intentaré autoconvencerme desde el pitido inicial que las declaraciones de Paco Jémez: "... Intentaremos dejar la eliminatoria resuelta en el primer partido", no son una chulería, o, mejor dicho, SÍ son una chulería, pero de un chulo bueno, de un chulo de los nuestros, y además, convencido de lo que dice.

    Y, por último, esperaré a mi padre que, con sus casi 83 sigue sentándose junto a mí, que se quejará de sus rodillas y comenzará a hablar como un descosido, señal que está más nervioso que de costumbre.

    Y pasará el partido en un santiamén. Y nos quedará el regusto de que no ha durado cuatro o cinco horas más. Pero, ya sa se sabe, Benavente dijo que "se disfruta más en las vísperas que en las fiestas". Y me fío de él, porque hasta tiene una plaza y todo...

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