martes, 11 de enero de 2011

Blanquiverde antes de nacer


Me llamo Álvaro y aún no he nacido. Mis papás, Rafa y Laura, han estado llamándome "bebé", a secas, hasta hace unos días, cuando la ecografía delató mi sexo de todas a todas. Yo, por supuesto, ya sabía que era un machote, y por eso me hacía mucha gracia que todo el mundo hablara de mí de manera tan indeterminada.


No, no me he colado en este blog por equivocación. No vengo a montar un discurso anti-abortista, ni a solicitar que vuelva el cheque-bebé. Eso aquí no viene al caso. Es bastante más simple.

Veréis; mis papás son más cordobesistas que el escudo, sobre todo mi papá, al que le duele su equipo más que a nadie. Menos mal que un trocito de su corazón lo ocupa el Barça, y los éxitos blaugranas suelen ser la tirita que cura la herida de los fracasos blanquiverdes.

Estas últimas semanas, noto a mi papá muy raro; aunque no puedo verlo, percibo que está bastante nervioso y muy, pero que muy cabreado. Hace unos días, incluso, se enfadó tremendamente con un señor que debía haberle dado un manotazo a la vajilla y romper algo, porque mi papá gritaba: "¡Jonathan! ¿Qué has hecho con la mano?, ¡Desgraciao, que nos has dejao sin copa...!". Bueno, decía eso y muchas otras palabrotas que un niño, y menos aún, un proyecto de niño como yo, no puede repetir.

El pasado sábado, igual o peor. A mis papás les gusta la música, pero hay un cantante, un tal Agus, que debe desafinar porque papi llegó de muy mala uva, y repitiendo una y otra vez: ¡Dios mío! ¡Cómo canta Agus!

En casa no se habla de otra cosa: que si Alcaraz, que si las goteras del estadio, que si los italianos, que si la Segunda B, que si Salinas, que si los fichajes de invierno... Yo ya estoy un poco harto de no ser el centro de todo, y, aunque sé que no es verdad, de vez en cuando pienso que el único bombo que le ha importado a mi papá últimamente fue el del Sorteo de la Copa del Rey.

Yo, antes de nacer, ya soy blanquiverde. Me sé el himno del Queco de pe a pa. Seguro que, por ahí, en algún cajón, hay guardados para mí unos patucos blanquiverdes. Y sé, porque me lo dice bajito, que mi papá sueña con el día en el que le acompañe al Estadio por primera vez. Por eso, porque nadie tiene derecho a jugar con los sueños de mi papá, y porque ningún incompetente va a romper sus ilusiones, nuestras ilusiones, exijo que todos los jugadores, técnicos, directivos, etc., echen el resto, y vendan incluso su alma al diablo, si es necesario, para que los que soñamos en dos colores, en blanco y en verde, sigamos soñando mucho, mucho tiempo...

Yo, a cambio, prometo que, de mayor, seré como mi padre: bueno, trabajador, honrado, inteligente, pero, sobre todo, cordobesista.

3 comentarios:

  1. Mira el sobri que adelantado ha salido...cambiále el tema al chiquillo que al final se hará bético.

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  2. Vaya sorpresa!!! Enhorabuena, ya te la daré mañana en vivo

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