miércoles, 6 de junio de 2018

Sálvame, el musical


Decía el señor González (González tenía que ser) en su artículo Sálvame , publicado en ABC hace unos días, que la peña en Córdoba celebraba como un triunfo la permanencia en segunda división. Bueno, él no, porque él presumía de estar exiliado de la ciudad escapando de este universo para no acabar celebrando la permanencia en la categoría de plata, enorgullecido como un afrancesado antes de que Napoleón viniera a partirnos la crisma. Se sobreentiende, por tanto, que el señor González no estaba en cola de las taquillas porque, según él, solo acudió allí la Córdoba que no lee.

Señor González, no puedo recitarle yo el ABC del periodismo, pero sí sé que para escribir de algo hay que saber de ese algo, o al menos conocerlo. En cualquier caso, lo que no puede notarse es que no se tiene ni puta idea del tema, porque entonces se queda uno con el culo al aire, lo cual a ciertas edades es un problema. Si a pesar de todo, ya sea por intrépido o por necesitado, uno sigue pulsando teclas, pues le sale un gazpacho infumable. Mezclar fútbol y política no es lo suyo, señor González, debe seguir aprendiendo de Piqué o de Jabois.

En un principio pensé que no entendía de fútbol y estuve a punto de recitarle una frase de Eduardo Sacheri que dice "Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol". Pero después descubrí que es usted culé. ¡Vaya! ¿Cómo se atreve entonces a hablarnos de un equipo sin identidad cuando el suyo tuvo que fundarlo un suizo? ¿Cómo es posible que nos hable de mediocridad cuando su equipo sigue inmerso en ella a pesar de tener la suerte de contar con el mejor futbolista de la historia? A no ser, claro, que sea la identidad política del Barcelona lo que le atrae, ya que parece que a usted le gusta independizarse de los sitios; más bien me da que lo van independizando. Es raro que un independentista colabore en ABC, pero no me negará que eso de la Córdoba que no lee tenía el mismo tufillo supremacista que destilan los escritos de Torra. No voy a decirle que es un cateto por ser de un equipo que juega a mil kilómetros de su casa, pero sepa que el fútbol visto desde el sofá es como las sombras que veían los pobres presos de la caverna de Platón. El fútbol desde la tele es como un puchero en un McDonals: un sucedáneo o directamente mentira.

Será por deformación profesional, pero no me voy a resistir a explicarle qué significó para un cordobesista (de los que leen o de los que no) la victoria del sábado, porque eso fue, una victoria y de las de guardar con cariño en la memoria vital. Me voy a permitir el lujo de generalizar sabiendo que no me equivoco mucho (yo sí sé del tema, sabe usted, llevo mamándolo desde los cuatro años) y me obligo a resumir porque quiero ponérsela cortita y al pie. El Córdoba, mi equipo, estaba herido de muerte hasta hace unos meses porque había sido abandonado por un indeseable. Está muy manida la metáfora del tumor, pero es que no encuentro otra mejor y llevo mucho tiempo buscándola. Simplemente con la extirpación de ese cáncer ya había sido una temporada exitosa para el Córdoba, fíjese con qué poco nos conformamos aquí. ¿No se conformaría usted con seguir vivo aunque su existencia fuera considerada mediocre por alguien situado algo más arriba en la escala social? ¿No celebraría un indigente su supervivencia? De eso se trató en principio: de seguir con vida. Pero es que además, mi equipo fue capaz de remontar 13+1 puntos en poco más de tres meses. La última racha de cuatro partidos ganados empezó en la casa del campeón de la división, que para su Barcelona será poca cosa como la Roma, pero para nosotros fue todo un subidón. Lo que vivimos los que estuvimos en Vallecas no lo ha disfrutado usted con el fútbol en su vida, ni va a saborearlo jamás desde su salón, se lo aseguro. Terminamos avasallando a un conjunto de los que se va a jugar el ascenso en estos días y estallamos de júbilo, claro, no podía ser de otra manera, porque, aunque usted no lo crea porque no ha visto ni un mísero partido, esta segunda división es una categoría maravillosa. Pero hubiera dado igual de haber bajado, porque los que de verdad amamos a un equipo habríamos hecho de nuevo esa cola para renovar el abono, junto con los que leen y los que no, junto a los blancos o a los negros, a los hombres o a las mujeres, a los rojos o a los azules; no importa quien esté en esa fila porque lo sientes como a un hermano, un colega con el que compartes llantos y euforias en la grada, un compañero de pasión. Quien de verdad sabe lo que es el fútbol, señor González, quien de verdad ES de un equipo de fútbol lo entiende como una religión y la religión, como seguro que le enseñaron a usted en su paso por la COPE, no se discute. No por nada decía Manuel Vázquez Montalbán que el hincha acudía al estadio como el creyente a misa, pagana, pero misa al fin y al cabo. Él sí era realmente del Barça porque entendía de fútbol, señor González, al contrario que usted. Espero que, al menos, entienda de política.

lunes, 14 de mayo de 2018

Crítica a la razón pura

Es habitual informar, y no solo a tus más allegados, de tus planes o proyectos cuando estos superan la categoría de deseo y están prestos a convertirse en realidad. Uno se pone en el mundo de esta manera, se sitúa comunicando adonde quiere ir a parar, señalando las metas, publicando los miedos por si alguien te ayuda a achicarlos de alguna manera, aunque sea con su aliento. No obstante, no se pierde demasiado tiempo mareando utopías por el temor a quedar como un incauto, un desequilibrado o, peor aún, un iluminado. Eso se aprende pronto: la primera vez que, normalmente de joven, decides compartir una paja mental, el otro, si te tiene en alguna estima, te baja al piso de la manera más educada posible; entonces a ti se te quitan las ganas para los restos de alucinar en altavoz. 

Ayer tuve la suerte de unirme a cuatro cordobesistas con alguna cicatriz en el currículum. Hacía un día luminoso, con una temperatura perfecta y todos estábamos en buenas condiciones, excepto uno que sufría la resaca de una boda de la que fue recuperándose sin más problemas. En cualquier caso, todos gozábamos de lo que cualquier sicólogo definiría como de una salud mental estable. Bueno, pues a pesar de estar probado todo lo que ya llevo escrito, resulta que nos tiramos un mínimo de dos horas de carretera elucubrando lo que iba a pasar en las tres últimas jornadas. Hicimos centenares de cuentas en las que todo podía ocurrir dependiendo del optimismo de matemático particular, pero lo realmente inquietante o reseñable es que la inmensa mayoría de los cálculos se hicieron con el supuesto de que el Córdoba, que en esos momentos iba el vigésimo clasificado de los veintidós, que no sale del descenso desde que entró en otoño; iba a ganarle al Rayo Vallecano, primer clasificado. Supuesto, repito, no utopía, por tanto. Ateniéndonos a la aritmética solo deberíamos haber gastado un tercio de nuestro tiempo en la hipótesis de la victoria, pues eran igual de probables el uno y la equis; y no hablemos si hubiéramos decidido contar con el pasado reciente, o no tanto, que el fútbol desconoce o solo recuerda con los elegidos, entre los cuales es evidente que no está el Córdoba. Pero allí no se trabajó, o si se hizo fue durante escasos segundos, ningún balance que no incluyera la victoria del Córdoba. Se puede pensar que lo que no queríamos era perder tiempo ni neuronas, porque la derrota y el empate nos mataba y los muertos no se entretienen con calculadoras. Pero estoy convencido de que todos los que viajábamos en ese coche sabíamos que el Córdoba iba a ganar de esa forma en la que se saben las cosas por las que uno no apostaría ni un céntimo.

Lo que ya no esperaba nadie cuyo cerebro se acerque a funcionar fue que el Córdoba fuese claramente mejor que el Rayo, aunque esto importe poco. Que los de, ayer, horrible fosforito se sobrepusieran a un gol tempranero, que adoptaran gustosamente el balón abandonado por el líder y que el partido estuviera siempre, siempre, donde quiso el visitante. Cuando Guardiola culminó la remontada, el Córdoba entregó la pelota sonriente, como el que entrega un regalo preciosamente empaquetado pero vacío. El Rayo la cogió como se coge la caca de un perro, con asco e intentando no mancharse las manos. Qué les voy a contar de lo que pasó después. Más que un barrio, Vallecas parecía una granja de encelados pavos reales blanquiverdes. A veces pienso que Kant habría quemado su Crítica a la razón pura si hubiera conocido al Córdoba.

domingo, 6 de mayo de 2018

Aquellas pequeñas cosas

Decíamos ayer...

Hace siete años le detectaron un tumor. Al principio todos pensaron que era benigno y se le medicó como tal aunque no tenía buena pinta. Incluso le dieron el alta en verano de 2014. Parecía estar curado pero no fue así. Y tras cuatro años de caídas y recaídas, de alguna analítica esperanzadora en 2016, de dolorosas punciones, de resonancias y ecografías, de dudosa medicación y hasta de curanderos charlatanes, el diagnóstico es claro: el tumor ha mutado en metástasis. 

Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia,
pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.

El último y revolucionario tratamiento de los nuevos oncólogos parecía haber funcionado, pero la recaída de las dos últimas semanas me hacen temer lo peor. Está muy bajo de defensas -bajísimo-, y no sabemos si aguantará las cuatro sesiones de quimio que le esperan. Si supera la primera, habrá una segunda, y así hasta la cuarta. Es muy duro y conviene estar preparados para lo peor. De nada vale lamentar que aquel médico que lo trató en 2011 no tenía ni idea. No te olvidamos, pero no en sentido literal, sino como esa frase en una corona mortuoria que los hijos del fallecido colocan con lágrimas de cocodrilo en el nicho del padre que acaba de morir... para no volver al cementerio nunca más. No te olvidamos. Púdrete.

Son aquellas pequeñas cosas
que nos dejó un tiempo de rosas,
en un rincón, en un papel o en un cajón.

Estos días de bajón han pasado por mi mente muchas pequeñas cosas, como cuando esperas de un momento a otro que un ser querido se vaya al cielo. Muchos años, muchos recuerdos, muchos partidos, mucha vida en blanco y verde. Miguel Reina, mi primer ídolo.  El coraje de Simonet. La clase de Fermín o Daniel Onega, mi Dios sin discusión. Los goles de Óscar y Ramos (o Ramos y Óscar, que siempre me lío). El regreso al infierno ante el Valladolid en aquella tarde en la que todos pensábamos que no había mañana. La vuelta a la vida en Huesca. La subida al cielo. La caída. La recaída. La nada.

Como un ladrón, te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan a su merced como a hojas muertas.

Si se va, no se irá del todo. Vivirá incapacitado, discapacitado, impedido y privado de casi todo. Malvivirá. Pero habrá que luchar mientras respire aunque sea conectado, porque la vida es de color blanco y la esperanza, de color verde. Tenemos que prepararnos para lo peor, porque será entonces cuando más nos necesite, cuando más falta le hagamos, cuando se verá de verdad quien está a su lado y quien no. Y entonces, volveremos a comprobar que somos los ocho mil de siempre, porque en esta ciudad hubo hace años un señor que se llamaba Séneca y que nos dejó marcados para siempre. Pocos y calladitos, que esto no es Sevilla. Si hay alguien que eche una mano, ya me ahorro yo el echarla.

Que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que lloremos cuando nadie nos ve.

La vida no tiene sentido sin esas pequeñas cosas. Pensemos en ellas y agarrémoslas fuerte. Apoyemos a muerte hasta que no haya pulso. Si los médicos consiguen el milagro, bebámonos la vida en copa de balón. Y si por desgracia la quimio no hace efecto, que no nos importe en qué escenario actúa nuestro actor favorito. ¿O creéis que yo iba a perderme a Jack Nicholson si representara "Mejor imposible" en una sórdida sala de un barrio marginal cordobés? Pues eso.

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba






viernes, 31 de marzo de 2017

UN DÍA MENOS

01 de abril del año del Señor de 2017. 29 días después de que el CCF tuviera conocimiento de mis alegaciones, y 9 días después de que se les agotara el plazo que ellos mismos se habían impuesto para contestarlas.


Me he pasado la vida pensando que siempre hay que ir de frente, y que ampararse en el anonimato era de cobardes. Pero igual me equivocaba. Me hago permanentemente una pregunta: supongamos que en vez de firmar mis tuits como Paco López-Cordón V. lo hiciera como "abonado hasta los cojones" o "cordobesista quemado". ¿Tendría el CCF suficientes argumentos para conseguir que la Policía les diera datos sobre mi IP, y, por lo tanto, sobre mi identidad? Los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado están para otros menesteres y no para rabietas infantiles de niñatos en plan "ahora me chivo a mi papi". ¿O no? Yo lo tengo claro. Y la autoridad competente con quien he consultado, también.

Me he pasado la vida pensando que la justicia existía, y que los dictadores eran seres que sólo existían en países lejanos. Pero igual me equivocaba. Reyezuelos que aún se creen con derecho de pernada. Señores feudales o señoritos a caballo o con Mercedes, Atilas de pacotilla, Corleones de la vida ocultos en la impunidad de un cristal oscuro, mala gente, carne de fin de vida en soledad. Personajillos de los que nadie se acordará cuando cierren el ojo.

Me he pasado la vida pensando que los okupas eran gente sin recursos, sin techo, sin un billete de 20 euros en el bolsillo. Pero igual me equivocaba. Los hay ricos disfrazados de Robin Hood sin vergüenza. Sin ninguna vergüenza. Gente que se ofende porque no alcanzan a comprender por qué el resto del mundo va en dirección contraria. Gente que llora ante los propietarios del edificio okupado pidiendo que convenzan a la humanidad que dejen de criticarlos y les den su nombre a una calle, a una glorieta, a un parque infantil, a un estadio municipal.

Me he pasado la vida pensando que había que ser digno hasta cagando. Pero igual me equivocaba. Porque hay gente que no conoce qué significa esa palabra, y siguen arrodillándose ante los poderosos, con felaciones dignas de peli de Rocco Siffredi. Por un puñado de dólares. Por un puñado de euros. Por una caricia en el lomo. La voz de su amo.

Me he pasado la vida pensando que había que ir de frente, que la justicia existía, que los okupas eran gente sin recursos y que lo mejor de un hombre es la dignidad. Y no estaba equivocado. Y voy a seguir haciéndolo. Aunque me cueste seguir a mi equipo por la tele. Porque podrán quitarme mi abono, pero nunca, nunca, nunca, podrán hacer que renuncie a mis principios, ni que renuncie, por más que me lo estén poniendo a huevo, a ser cordobesista.

Gritad, gritad, malditos, en ese minuto 54, para que un día, los prepotentes se vayan y no vuelvan, para que los palcos vuelvan a ser abiertos y transparentes, para que se homenajee -y no se putee-, a quiénes vistieron nuestra camiseta años atrás, o para que se les rece y se les llore cuando se vayan al cielo, para que los bombos vuelvan a sonar con sol o con nubes, para que los peroles sean abiertos y no restringidos, para que las iniciativas de unión del cordobesismo sean positivas y no tramas conspiratorias, para que no seamos el choteo del resto de España, para que la crítica sea un derecho democrático, para que esta película gore acabe pronto.

Su silencio no hará que me contagie. Más bien al contrario. El yayo ha salido rebelde. Es lo que hay. El día que cambie, dadme un par de hostias. Lo tendré merecido.

Un día menos para que salga ese AVE sin billete de regreso. Un día menos.

Paco López-Cordón V.
@mushocordoba

martes, 28 de marzo de 2017

Historia de un Burofax



"A los verdugos se los reconoce siempre. Tienen cara de miedo.” Jean-Paul Sartre

Podría titular este escrito "Crónica de surrealismo futbolero", "Cortinas de humo" o "Los últimos estertores", pero descarté todos ellos por resultar demasiado tendenciosos. Voy a intentar ser lo más objetivo posible y, algo muy importante para los escépticos: Dispongo de pruebas de todo lo que aquí escribo. Vamos a ello:
 
Recibo un Burofax del CCF en el que se me comunica "que se procede desde este momento, de forma cautelar hasta la resolución definitiva del expediente, a prohibirle el acceso a los eventos deportivos del Club, suspendiendo temporalmente su abono".
 
En dicho Burofax se indica igualmente: "se le concede un plazo de 10 días naturales a partir de la recepción de esta notificación para que pueda formular las alegaciones que estime oportunas de cara a la defensa de sus derechos. Durante ese plazo podrá examinar el contenido del expediente".
 
El Burofax viene con firma ilegible, remitido por la "Secretaría Comité de Disciplina Social", pomposo nombre que denota el vano intento de grandilocuencia de algunos.

Importante es reseñar que se me imponen medidas cautelares (se me considera culpable de entrada), por tres tuits publicados la noche del 31 de enero, es decir, 24 días antes de la recepción del Burofax. Debieron ser muy graves para la prisa que se dieron en escribirme. Es decir, se me abre un Expediente en el que -al menos en teoría-, se me puede sancionar. Ese matiz hace mucho más grave la adopción automática de esas medidas cautelares.
 
Me desplazo con mi escrito de alegaciones (nueve folios, por cierto), a la sede del CCF en horario de oficina, donde se me indica que, a esa hora (19:30 h.), no hay nadie en Secretaría. Me informan que, al día siguiente, a las 09:00 de la mañana, habrá alguien para la recepción de mi escrito.
 
Vuelvo a las oficinas del CCF a entregar mis alegaciones. Allí se me dice que ellos no pueden firmarme y sellarme la copia (como justificante de la entrega de mi original), porque "nosotros no somos la administración". Ante mi sorpresa e incredulidad, les vuelvo a insistir porque lo surrealista de la respuesta me hacía pensar que era una cámara oculta, y vuelven a darme la misma explicación.
 
Ante tal escenario, viendo cómo estaba el patio, y fiándome de esta gente menos que de un doberman con hambre, opto ese mismo día por enviar el escrito de alegaciones por tres medios: correo certificado con acuse de recibo, fax e email. Por lo tanto, ese día, el Club tiene conocimiento de mis alegaciones.

Esa misma tarde vuelvo a las oficinas del CCF para examinar mi expediente, dentro del horario indicado en la web oficial del Club, y me las encuentro cerradas. Se me indica en la Tienda oficial que los fines de semana sin partido en el Arcángel, se cierra desde el viernes a mediodía hasta el lunes. Un Club de Segunda División, con [presuntas] aspiraciones de ser de Primera. Con dos cojones.
 
El CCF recibe oficialmente mi escrito de alegaciones, según me consta en justificante del Servicio de Correos que obra en mi poder, por lo que, de manera oficial, el plazo finaliza el 26 de marzo (20 días naturales) que el propio CCF dispone en su Reglamento Interno. En esa fecha, y aún hoy, no tengo noticias, a pesar de mis continuos recordatorios en redes sociales reclamándolas.

La mejor arma de la dictadura es el secreto (Niels H. D. Bohr)

  
No sé si se creen muy listos dejando pasar el tiempo pensando que éste juega a su favor, o son lo suficientemente tontos para que creer que el paso de los días hará que me ablande, les pida humildemente perdón y les reconozca que yo fui quien mató a Manolete. Tampoco sé si tienen claro qué contestar y como argumentarlo. Quizás estén buscando en Google respuestas a sus dudas. O quizás no las encuentran porque escriben Guguel y no les aparece nada.

En las Repúblicas bananeras y en los regímenes totalitarios esto sería un acto de normalidad. Pero se han equivocado de lugar o de época. Si uno aspira a ser un norcoreano de la vida fuera de los límites geográficos de esa nación, puede encontrarse con cabrones contestatarios como yo, y toca elegir entre usar la vía diplomática o sus santos cojones. Elegir esto último, siempre conlleva un riesgo.

Sigo a la espera de respuesta, y, sea cual sea, iniciaré las acciones que en derecho me correspondan para resarcirme de los daños y perjuicios que se me han ocasionado. Soy vuestro grano en el culo. Y os garantizo que tenéis una buena almorrana. Y algo importante: Nunca podré ver el partido del Alcorcón, ni el del Zaragoza, ni el del Numancia. Y eso no se paga con dinero, esa palabra de seis letras que a alguno le pone casi tanto como a mí la Pedroche.

Están en el sitio equivocado, en el club equivocado, porque en su blanco club, su nivel no les permite llegar más allá que a disponer de unas buenas localidades. Pero ojo, los tronos sobre arenas movedizas no son eternos. Al final, por generación espontánea, la poltrona se va hundiendo poco a poco, y en ese barro, la riqueza no sirve absolutamente de nada.
Hay más días que ácaros. Estar hoy arriba no presupone seguir estándolo mañana.


Pero al loro,
Que el destino es un maricón,
Sin decoro,
Te da champán y después chinchón.
(J.Sabina) 

Gente pobre. Gente que sólo tiene dinero o apariencia de tenerlo. Teatro. Lo suyo es puro teatro. Gente que sabe donde encontrarme. Siempre he ido de frente, con nombre y apellidos. Donde esté el CCF, allí estaré yo. SIEMPRE. Algo que parece simple pero que a esa gente nunca le sucederá. 

Besis, Familia.

Francisco López-Cordón V.
@mushocordoba





viernes, 24 de febrero de 2017

NO HABRÁ PAZ PARA LOS MALVADOS

Recordaré el 23 F de 2017 como aquel día que, 36 años después del golpe, un objeto contundente en forma de burofax me golpeó igualmente en donde más me duele y por lo que vivo y respiro: mi hija. Esa a quien he robado del barcelonismo para convertirla a la causa en blanco y verde. Esa que calma mi hipertensión en los partidos del Arcángel. Esa que da sentido a mi vida. Esa que, la noche de marras, no comprendía que alguien hubiese reprochado a su padre un golpe en la mesa por defender a su equipo.

Recordaré el 23 F 17 como la noche de los cristales del sentido común rotos a martillazos por quienes están de paso, por los interinos que por acción u omisión aterrizaron en mi segunda casa y la okuparon.

Recordaré ese día como aquél en el que violaron mi intimidad y mi libertad de expresión. Aquél en el que se metieron en mi cama y se ciscaron en mis sábanas. 

Recordaré y no olvidaré. Os lo juro. No olvidaré y no perdonaré. 

Pero, sobre todo, recordaré el día después por tantos y tantos abrazos, mensajes, llamadas, apoyos y ánimos de gente que conozco y que no conozco. De gente que sufre, como yo, esta dictadura que ya dura demasiado. Este reality de mal gusto. De gente que sólo trata de lanzar humo sobre un campo de batalla que ellos han creado. De mala gente. 

Ni olvido, ni perdono. Pero me quedo con esa sensación de que no estoy solo. De que el cordobesismo está despertando tras tantas putadas. De que nos rebelamos ante el señor feudal. De que no somos doncellas con las que satisfacer baboseos. De que estamos hartos del derecho de pernada de una caterva de impresentables.

Gracias. Mil gracias. A todos. Y, recordad. Quien con tanta mierda reniegue del cordobesismo, que no cuente conmigo. Mi equipo está por encima de sus okupas. Pero tranquilos, nadie es eterno. Ni siquiera tú. Ni tú. Ojalá la vida te sea tan dura como te mereces.
Tu padre no va a callar ante tanta burla. Tu padre no va a arrodillarse porque nunca lo ha hecho. Como decía la canción: "vale más morir de pie que ser el bufón de un rey". 

Ladran, luego cabalgamos. Dientes, que eso les jode. Larga vida al rey. Corta vida a los reyezuelos.

Gracias. Mil gracias. 

Te quiero, Luna María. Ojalá algún día comprendas que la vida sin luchar contra la injusticia, no tiene ningún sentido.

Paco López-Cordón. 
@mushocordoba

Las cloacas del estadio

La historia nos ha enseñado que cualquier régimen totalitario dispone de una policía política, como herramienta para suprimir la sedición y tener a raya a la oposición. Desde el Comité para la Seguridad del Estado (KGB ruso), pasando por la Gestapo (III Reich alemán), el Comisariado del Pueblo para Asuntos de Disciplina Interna (NKVD soviético), hasta la franquista Brigada Político Social. El objetivo de estas organizaciones era tan simple como efectivo: expandir el terror entre la ciudadanía para que no se organizara y protestara a los círculos de poder, para que no saliera de su sometimiento. Quien quiera pasar un buen rato y, además, conocer más sobre el tema, le recomiendo encarecidamente que vea la película "La Vida de los Otros", sobre el funcionamiento de la Stasi de la RDA; o que escuche los interesantísimos podcats de "V, las cloacas del Estado", título que he cogido prestado para encabezar este texto.

A corto y medio plazo, las policías políticas eran muy efectivas. Durante las primeras etapas de estas dictaduras, estas pandas de matones hacían cundir el miedo entre el pueblo, practicando a mansalva juicios sumarísimos basados en una autoridad falaz, pero muy real, de facto. Entonces no eran necesarios los burofaxes. Uno de sus objetivos primordiales era la prensa libre, a la cual destruían y achantaban a base de amenazas y coacciones. El ciudadano solo podía "informarse" por los medios títeres manejados por el poder. La única esperanza de conocer la verdad estaba en la prensa extranjera, o en algunos pocos héroes (anónimos y no tanto) que se jugaban la vida para extender panfletos rebeldes. Otros tiraban del doble sentido, poniendo como excusa el Carnaval, pero no pocos terminaron corriendo delante de los grises.

Orwel ya nos avisaba en su profética novela 1984, que las policías políticas se convertirían en policías del pensamiento y que, ni en tu propia casa, podrías estar seguro. Siempre habría un gran hermano que practicara la vigilancia masiva y la represión política y social; y que ni siquiera en el sofá de tu hogar, en petit comité, se podía hablar sobre la represión, sobre la libertad, sobre un futuro utópico y mejor, libre de dictadores. 

Pero el orden no puede mantenerse por la fuerza eternamente. Poco a poco, humillación a humillación, los ciudadanos reordenaban su escala de valores, anteponiendo su dignidad a su seguridad. Todos estos gestos, iban creando una conciencia contra la opresión que, más tarde o más temprano, explotaba en las narices de la clase poderosa, destruyendo toda la estructura que mantenía en pie la tiranía. Cientos de alemanes, por ejemplo, terminaron tiroteados mientras intentaban saltar el muro de Berlín y huir del infierno en el que se había convertido su país. Ningún totalitarismo es eterno ni invencible y las dos Alemanias terminaron unidas en una gran y próspera nación. Si la gente fue capaz de dar su vida por su libertad y su dignidad, supongo que hubieran sacrificado también su abono.